Mateo 14
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Juicio de Herodes sobre la persona de Jesús. Por aquel tiempo, el tetrarca Herodes tuvo noticias de lo que se decía de Jesús;
2y dijo a sus cortesanos: Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos; por eso está dotado del poder de hacer milagros. Martirio de Juan Bautista.
3Es de saber que Herodes había mandado prender a Juan y meterlo en la cárcel, cubierto de cadenas, por instigación de Herodías, la mujer de su hermano Filipo.
4Porque Juan le reprochaba así: Tú no puedes tenerla por mujer.
5Herodes bien hubiera querido quitarle la vida, pero tenía miedo al pueblo, que veía en la persona de Juan a un enviado de Dios.
6En el cumpleaños de Herodes, salió a bailar en presencia de los invitados la hija de Herodías;
7y tanto gustó a Herodes que le prometió con juramento darle todo cuanto le pidiese.
8Ella, por instigación de su madre, le dijo: Dame en esta bandeja la cabeza de Juan Bautista.
9El rey experimentó una grave contrariedad; pero, por el juramento que había hecho ante los comensales, ordenó que se la dieran.
10Y envió a decapitar a Juan en la cárcel.
11Trajeron su cabeza en una bandeja y la entregaron a la joven, quien se la llevó a su madre.
12Acudieron luego sus discípulos a recoger el cadáver y lo sepultaron, yendo después a comunicarlo a Jesús. Primera multiplicación de los panes.
13Ante estas noticias, Jesús se alejó de allí en barca a un lugar apartado, sin que nadie lo acompañase; pero la gente, que se enteró de esto, le siguió a pie desde los pueblos.
14Al desembarcar Jesús y ver una gran muchedumbre, se movió a compasión y curó a los enfermos que traían.
15Al caer de la tarde vinieron los discípulos a decirle: Este sitio está muy apartado y la hora es ya tardía; despide a la gente para que vaya a las aldeas a comprar algo que comer.
16Jesús les dijo: No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.
17Le replicaron ellos: No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.
18Traédmelos acá, les dijo Jesús.
19Dio orden de que hicieran sentar a la gente sobre la hierba; tomó los cinco panes y los dos peces; y, levantando los ojos al cielo, rezó la bendición; y partió y dio los pedazos a los discípulos para que los repartieran entre la gente.
20Y comieron todos hasta quedar satisfechos, y llenaron doce cestos con lo que había sobrado,
21siendo los que habían comido unos cinco mil hombres sin contar las mujeres y los niños.
22E inmediatamente dio orden a sus discípulos de que entraran en la barca y se le adelantaran rumbo a la orilla, mientras él despedía a la gente.
23Una vez que la hubo despedido, subió a un monte apartado a orar y, llegada la noche, permaneció allí solo, sin que nadie le acompañase. Jesús camina sobre las aguas del mar.
24La barca, que estaba ya en medio del mar, era batida por las olas, pues iba en dirección contraria al viento;
25y a eso de las cuatro de la madrugada Jesús, caminando por encima del mar, vino hacia donde estaban ellos.
26Cuando los discípulos lo vieron andando sobre el agua, se espantaron, creyendo que era un fantasma; y por el miedo que tenían, empezaron a dar gritos.
27Pero al punto les dirigió Jesús la palabra diciéndoles: Tened valor, que soy yo; no tengáis miedo.
28Tomando Pedro la palabra, exclamó: Señor, si eres tú, mándame ir por encima del agua hasta donde estás.
29Ven, le contestó él. Y Pedro saltó de la barca y comenzó a andar por encima del agua hacia donde estaba Jesús.
30Pero, viendo la fuerza que tenía el viento, tuvo miedo, empezó a hundirse y dio un grito: Señor, sálvame.
31Y al momento, Jesús tendió la mano para sujetarlo, mientras le decía: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?
32Y, después que entraron en la barca, calmó el viento.
33Y los que en ella estaban se postraron ante él exclamando: Cierto que tú eres el Hijo de Dios. Curaciones de Jesús en Genesaret.
34Una vez que atravesaron el lago, desembarcaron en la región de Genesaret.
35Y los habitantes de aquel lugar, apenas lo reconocieron, esparcieron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos que tenían.
36Estos le pedían por favor que les permitiese siquiera tocar la extremidad de su manto; y todos los que le tocaron, recobraron la salud.