Lucas 7
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Jesús cura al esclavo del centurión. Después que acabó de pronunciar todo este discurso ante su auditorio, entró en Cafarnaum.
2Un centurión tenía un esclavo a quien estimaba mucho y que estaba enfermo y a punto de morir.
3Habiendo oído hablar de Jesús, le envió recado con algunos notables de entre los judíos, suplicándole que viniese a librar de la muerte a su esclavo.
4Cuando llegaron a presencia de Jesús, le suplicaron encarecidamente: Bien se merece que le concedas esa gracia.
5Es afecto a nuestra nación y él mismo nos ha levantado la sinagoga.
6Y Jesús echó a andar con ellos. No estaba ya lejos de la casa, cuando el centurión mandó a decirle por unos amigos suyos: Señor, no te molestes, que no merezco que entres en mi casa.
7Como tampoco me he creído digno de ir en persona a buscarte. Basta que digas una palabra, y mi esclavo recobrará la salud.
8Porque también yo, que soy hombre sometido a la autoridad, tengo soldados a mis órdenes; y, si mando a uno que vaya, va; y, si mando a otro que venga, viene; y, si mando a mi esclavo hacer tal cosa, la hace.
9Al oír tales palabras, Jesús quedó admirado. Y vuelto a la muchedumbre que lo seguía, exclamó: Os digo de veras: Ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande.
10Los enviados regresaron luego a casa y encontraron al esclavo ya restablecido. /par
11Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín. Algún tiempo después, se dirigió a una ciudad llamada Naín, acompañado de sus discípulos y de mucha gente.
12Cuando ya se acercaba a las puertas de la ciudad, se encontró con que llevaban a enterrar a un muerto, hijo único de madre viuda. Un gran concurso de gente de la ciudad iba acompañando a la madre.
13A su vista el Señor se movió a compasión y le dijo: No llores.
14Y se llegó al féretro y lo tocó; con lo cual los que lo transportaban se detuvieron. Y exclamó: Yo te lo mando, joven: Levántate.
15El difunto se incorporó y comenzó a hablar; y Jesús lo llevó a su madre.
16El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, exclamando: Un gran profeta ha aparecido entre nosotros; Dios ha tratado con misericordia a su pueblo.
17Y la fama de este milagro se divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas. /par
18El mensaje de Juan Bautista. Llevaron a Juan sus discípulos la noticia de todos estos sucesos. Juan entonces llamó a dos de los suyos,
19y los envió al Señor con este mensaje: ¿Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro?
20Llegados a presencia de Jesús, aquellos hombres le dijeron: Juan Bautista nos ha mandado a ti para preguntarte si eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro.
21Entonces precisamente, Jesús libró a muchos de sus dolencias, llagas y espíritus malignos, y dio vista a muchos ciegos.
22Y, dirigiéndose a los enviados, les dijo: Id a comunicar a Juan lo que acabáis de ver y oír: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, oyen los sordos, resucitan los muertos y se predica a los pobres el evangelio.
23Y bienaventurado aquel que no tropieza en mí para su perdición. /par
24Jesús elogia a Juan Bautista. Una vez que hubieron partido los enviados de Juan, comenzó Jesús a preguntar a la multitud acerca de la persona de Juan: ¿Qué habéis salido a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
25Pues, ¿qué habéis salido a ver? ¿Un hombre vestido con molicie? Ya sabéis que los que visten suntuosamente y viven con regalo, se encuentran en los palacios de los reyes.
26En fin, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os aseguro; y más que a un profeta.
27Juan es aquel de quien dice la escritura: /par Mira, yo envío mi ángel ante ti. /par El irá preparándote el camino. /par
28Porque os digo la verdad: No hay entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan; sin embargo, el último en el reino de Dios es mayor que él. /par
29Actitud diversa de publicanos y fariseos ante la misión de Juan Bautista. Los publicanos y todo el pueblo que ha creído en Juan, recibiendo su bautismo, han aceptado los planes de Dios;
30pero los fariseos y doctores de la ley, al no querer aceptar su bautismo, han rechazado ellos mismos los designios de Dios. /par
31Parábola de los niños que juegan. ¿A quién, pues, compararé yo a los hombres de esta raza? ¿A quién se parecen?
32Se parecen a los muchachos que están en la plaza y cantan unos a otros aquello que dice: /par Os cantamos al son de la flauta y no habéis bailado; /par Os entonamos endechas y no habéis hecho llanto. /par
33Porque ha venido Juan Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: Está loco.
34Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: Mirad, ahí tenéis a un comilón y aficionado al vino, amigo de publicanos y pecadores.
35Y sin embargo han dado la razón a los planes sapientísimos de Dios aquellos mismos que los han puesto por obra. /par
36Una pecadora unge los pies de Jesús. Un fariseo invitó a Jesús a comer en su compañía. Entró, pues, en casa del fariseo y se recostó a comer.
37De improviso llegó una mujer, una pecadora pública, que se había enterado de que estaba comiendo en casa del fariseo; y con un frasco de perfume que traía bien guardado,
38se puso llorando junto a sus pies, y los comenzó a bañar con sus lágrimas; luego los enjugaba con los cabellos de su cabeza, y los besaba, y a la vez derramaba sobre ellos el perfume.
39Al ver aquello el fariseo que lo había convidado, se decía para sí: Si este hombre fuese un profeta, conocería quién y qué clase de mujer es esta que lo está acariciando, pues es una pecadora.
40Tomando Jesús la palabra, le dijo: Simón, tengo una cosa que decirte. Dila, maestro, le respondió.
41Cierto prestamista tenía dos deudores, de los cuales uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta.
42Como no tenían para pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Quién de los dos te parece que le amará más?
43Yo creo, respondió Simón, que aquel a quien perdonó más. Bien has dicho, le contestó Jesús.
44Y, vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? He entrado yo en tu casa y no me has ofrecido agua para los pies; ella en cambio los ha bañado con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos.
45Tú no me has dado el ósculo de paz; ella, en cambio, desde que he entrado, no ha cesado de besarme los pies.
46Tú no has derramado perfume sobre mi cabeza; ella en cambio ha rociado con perfume mis pies.
47Por lo cual te digo: Quedan perdonados sus pecados, sus muchos pecados, porque, ya lo ves, ha amado mucho. Y aquel a quien menos se perdona, menos ama.
48Dijo luego a la mujer: Quedan perdonados tus pecados.
49Ante esto, los convidados comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es este que hasta pecados perdona?
50Y añadió dirigiéndose a la mujer: Tu fe te ha salvado. Vete en paz.