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Lucas 21

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1La ofrenda de la viuda. Fijó luego Jesús su atención en los ricos que echaban limosnas en el tesoro del templo,

2y vio también a una pobre viuda que echaba dos moneditas de cobre;

3y exclamó: Os digo la verdad. Esta viuda, que es pobre, ha echado más que todos los otros;

4porque los demás han dado para las ofrendas sagradas de lo que les sobraba; pero ésta ha dado de su pobreza aun lo que necesitaba para su sustento. /par

5Discurso sobre la ruina de Jerusalén y sobre la venida del Hijo del hombre /par Ocasión del discurso. Y, como algunos, refiriéndose al templo, le hiciesen notar su hermosura en piedras y exvotos, dijo:

6Vendrán días en que de todo esto que estáis viendo no quedará piedra sobre piedra; todo será reducido a un montón de ruinas.

7Y le preguntaron: Maestro, ¿cuándo sucederá eso? y ¿cuál será la señal de que tales cosas van a comenzar? /par

8Señales de la destrucción del templo. Mirad, les respondió, que no os dejéis engañar; porque se presentarán muchos que, apropiándose mi nombre, dirán: «Soy yo» y «Ya ha llegado el tiempo». No vayáis detrás de ellos.

9No os alarméis cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones; porque esto tiene que venir, pero no vendrá inmediatamente el fin.

10Entonces les dijo: Se levantarán en armas una nación contra otra y un reino contra otro;

11habrá grandes terremotos, y aquí y allí hambres y pestes y cataclismos y señales pavorosas en el cielo. /par

12Persecución de los discípulos. Pero, antes de todos estos sucesos, os maltratarán; os perseguirán, entregándolos al tribunal de las sinagogas y metiéndolos en la cárcel; y por mi causa os harán comparecer ante los reyes y magistrados.

13Eso os dará ocasión de profesar vuestra fe.

14Haced, pues, el firme propósito de no preocuparos de vuestra defensa.

15Yo os daré un lenguaje y una sabiduría tal que no podrá resistir ni contradecir ninguno de vuestros enemigos.

16Seréis entregados aun por vuestros padres, hermanos, parientes y amigos, y seréis llevados a la muerte muchos de vosotros;

17y seréis aborrecidos de todos por mi causa.

18Sin embargo no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza.

19Permaneciendo constantes, salvaréis vuestras vidas. /par

20La ruina de Jerusalén. Cuando viereis a Jerusalén cercada de ejércitos por todas partes, sabed que se acerca su devastación.

21Entonces, los que estén en Judea, que se escapen a los montes; los que vivan en medio de la ciudad, que se alejen; los que moren en el campo, que no entren en la ciudad.

22Porque son días de venganza en que se cumplirá todo lo que dice la escritura.

23Pero, ¡ay de las que estén encintas y criando en aquellos días! Porque vendrá una gran catástrofe sobre esta tierra y la ira de Dios se ensañará contra este pueblo.

24Caerán al filo de la espada y serán llevados cautivos entre todas las naciones; y Jerusalén quedará hollada por los gentiles, hasta que transcurran los tiempos fijados a los mismos. /par

25Señales de la venida del Hijo del hombre. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra serán presa de la angustia las naciones, aterradas por el estruendo del mar y el embate de las olas,

26quedando los hombres sin aliento en espera angustiosa de lo que amenaza a la tierra; pues el mundo de los astros se desquiciará.

27Entonces verán al Hijo del hombre venir entre nubes con gran pompa y majestad.

28Cuando comiencen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad vuestras cabezas, porque está ya cerca vuestra redención. /par

29Parábola de la higuera. Y les propuso una parábola: Fijaos en la higuera y en los demás árboles.

30Cuando veis que echan ya brotes, conocéis que se acerca el verano.

31De la misma manera, cuando veáis que suceden todas estas cosas, advertid que está cerca el reino de Dios.

32Os aseguro: No pasará esta generación sin que tenga cumplimiento todo esto.

33El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. /par

34Necesidad de vigilar para la venida del hijo del hombre. /par Tened cuidado; no sea que la crápula, la embriaguez y las preocupaciones de la vida entorpezcan vuestro espíritu; y de repente se os eche encima

35como un lazo aquel día que ha de alcanzar a todos los habitantes de la tierra.

36Estad, pues, en vela, y orad en todo tiempo. Así mereceréis escapar de todos estos males que están por venir y comparecer seguros ante el Hijo del hombre. /par

37Ministerio de los últimos días de Jesús. Durante el día enseñaba en el templo, y luego salía a pasar la noche al monte llamado de los Olivos.

38Y toda la gente madrugaba para ir a escucharle en el templo.

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