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Lucas 2

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Nacimiento de Jesús Mesías. En aquel tiempo salió un decreto de César Augusto para que se hiciera el censo de todo el Imperio romano.

2Este primer censo tuvo lugar siendo Quirino gobernador de Siria.

3E iban todos a empadronarse, cada uno a su propia ciudad.

4También José, descendiente de la casa de David, subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén,

5para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.

6Encontrándose allí, le llegó el tiempo de su alumbramiento,

7y dio a luz su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. /par

8Los pastores ante el pesebre de Jesús Mesías. Por allí cerca había unos pastores, que pasaban en vela y al raso las horas de la noche, guardando sus rebaños.

9Un ángel del Señor se presentó ante ellos y la gloria del Señor los envolvió con su luz, quedando todos sobrecogidos de espanto.

10Díjoles el ángel: No tengáis miedo. Mirad, vengo a comunicaros una grata noticia que será motivo de alegría para vosotros y para todo el pueblo.

11Os ha nacido hoy en la ciudad de David un salvador, que es el Mesías, el Señor.

12Esta será la señal para reconocerlo: Encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

13Y de improviso se dejó ver con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios cantando: /par

14Gloria a Dios en las alturas /par y en la tierra paz a los hombres, en quienes Dios se complace. /par

15Así que los ángeles se volvieron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Vayamos a Belén a ver el suceso que nos ha dado a conocer el Señor.

16Y vinieron presurosos encontrando a María y a José con el niño, acostado en el pesebre.

17Y, después que lo hubieron visto, divulgaron todo cuanto se les había dicho acerca del niño.

18Todos los que se enteraron, quedaron maravillados de lo que decían los pastores.

19María, por su parte, guardaba todas estas cosas en lo más íntimo de su alma; y muchas veces volvía su pensamiento sobre ellas.

20Los pastores volvieron, glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían visto y oído, tal como se las revelara el ángel. /par

21Imposición del nombre y presentación de Jesús Mesías en el templo. Después que se cumplieron los ocho días para la circuncisión, le impusieron el nombre de Jesús, nombre que antes de su concepción le había sido dado por el ángel.

22Y cuando les llegó el día de su purificación conforme a la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor,

23(así está mandado en la ley de Dios: que todo varón primogénito sea consagrado al Señor),

24y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones, según la prescripción de la ley del Señor. /par

25Reconocimiento del Mesías por parte de Simeón. Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, recto y dado a la piedad, que esperaba la consolación de Israel. En él estaba el espíritu santo.

26El mismo espíritu santo le había revelado que no moriría sin haber visto antes al ungido del Señor.

27A impulsos, pues, del espíritu vino al templo; y, cuando entraban los padres con el niño Jesús para cumplir lo que con él había que hacer según la ley,

28lo tomó en brazos y alabó a Dios con este cántico: /par

29Ahora, Señor, puedes dejar que tu siervo vaya en paz, una vez cumplida tu promesa: /par

30porque han contemplado mis ojos tu salvación /par

31la que has puesto a la vista de todos los pueblos: /par

32luz para iluminar a los gentiles /par y gloria de tu pueblo Israel. /par

33Su padre y su madre estaban maravillados de lo que Simeón acababa de decir de él.

34Simeón los bendijo, y se dirigió a María, la madre del niño, para decirle: Este está predestinado por Dios para ruina o resurgimiento de muchos en Israel, y será signo de contradicción,

35—tu misma alma quedará atravesada por una espada— para que se ponga de manifiesto la actitud que ante él adopta cada uno. /par

36La profetisa Ana reconoce a Jesús Mesías. Estaba también allí Ana, la profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. (Era ella muy anciana; casada en su adolescencia, había vivido siete años con su marido,

37y era ahora una viuda de ochenta y cuatro. No salía del templo y servía día y noche al Señor con ayunos y oraciones).

38Presentándose, pues, en aquel mismo momento, prorrumpió en alabanzas a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. /par

39La sagrada Familia vuelve a Nazaret. Después que hubieron cumplido todo lo prescrito en la ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

40El niño crecía y se desarrollaba, llenándose de sabiduría; y sobre él se manifestaban las complacencias de Dios. /par

41Jesús Mesías perdido y hallado en el templo. Solían ir sus padres todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua.

42Y, cuando cumplió los doce años, fueron allá todos en peregrinación según costumbre en aquella fiesta.

43Una vez transcurridos los días, cuando ya volvían a casa, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres se diesen cuenta de ello.

44Creían ellos que vendría en la caravana; y así hicieron un día de camino; luego lo buscaron entre los parientes y conocidos;

45y al no dar con él, se volvieron a Jerusalén, sin dejar de buscarlo.

46Al cabo de tres días lo hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y haciendo a la vez sus preguntas.

47Todos los que le escuchaban estaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

48A su vista, los padres quedaron llenos de emoción; y su madre le dijo: Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos llenos de angustia.

49El les contestó: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que debo estar en la casa de mi Padre?

50Pero ellos no comprendieron el alcance de sus palabras. /par

51Vida escondida de Nazaret. Bajó con ellos a Nazaret, donde vivió en completa sumisión a sus padres; y su madre guardaba todas estas cosas en lo más íntimo de su alma.

52Jesús fue progresando en perfección intelectual y física, y en el favor de Dios y de los hombres.

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