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Lucas 15

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores para escuchar su palabra.

2Y los escribas y fariseos censuraban su proceder, diciendo: Este hombre acoge a los pecadores y come a la misma mesa con ellos.

3Y él les propuso esta parábola. /par

4Parábola de la oveja perdida. Suponed que uno de vosotros tiene cien ovejas y pierde una. ¿No es verdad que, dejando las noventa y nueve en el desierto, irá en busca de la que se ha perdido, hasta dar con ella?

5Y, una vez que la encuentra, la pone con gozo sobre sus hombros;

6y, llegado a casa, llama a amigos y vecinos para decirles: Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.

7Os aseguro que de la misma manera habrá en el cielo más alegría por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de arrepentirse. /par

8Parábola de la dracma perdida. O bien, imaginaos una mujer que tiene diez dracmas y pierde una. ¿No es verdad que enciende la luz y barre la casa y la busca con todo cuidado, hasta dar con ella?

9Y, una vez que la encuentra, llama a sus amigas y vecinas y les dice: Alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.

10Os aseguro que de la misma manera habrá fiesta entre los ángeles del cielo por un pecador que se arrepienta. /par

11Parábola del hijo pródigo. Y añadió: Había un hombre que tenía dos hijos;

12y el más joven dijo a su padre: Padre, dame la parte de hacienda que me corresponde; y el padre repartió la hacienda entre ellos.

13Pasados no muchos días, el más joven, después de recoger todas las cosas, marchó a un país lejano y allí despilfarró todo su caudal viviendo licenciosamente.

14Una vez que lo hubo malgastado todo, sobrevino una gran hambre por toda aquella tierra y comenzó a padecer necesidad.

15Por lo que tuvo que ir a servir a un señor de aquel país, que lo mandó a su granja a apacentar puercos.

16Bien hubiera querido llenar su estómago con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.

17Entrando dentro de sí mismo, exclamó: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras yo estoy aquí muriéndome de hambre!

18Ahora mismo me marcho. Iré a mi padre y le diré: Padre mío, he pecado contra el cielo y contra ti.

19Ya no merezco ser hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros.

20Y con toda decisión partió para la casa paterna. Todavía estaba lejos, cuando su padre, al avistarlo, se conmovió profundamente. Corrió hacia su hijo, se arrojó a su cuello y le cubrió de besos.

21El hijo exclamó: Padre mío, he pecado contra el cielo y contra ti; no merezco ser hijo tuyo.

22Pero el padre se dirigió a sus siervos y les ordenó: Pronto, traed una túnica, la mejor que haya, y vestídsela. Ponedle un anillo en el dedo y dadle sandalias para los pies.

23Traed también un becerro bien cebado y matadlo, y vamos a comer y a hacer fiesta.

24Porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y lo hemos encontrado. Y comenzaron a celebrar la fiesta.

25El hijo mayor, entretanto, se hallaba en el campo; a su regreso, cuando se acercaba a casa, oyó la música y el baile.

26Y llamó a uno de los criados para preguntarle qué significaba aquello.

27Es tu hermano que ha vuelto, le respondió aquél; y, porque lo ha recobrado sano y salvo, tu padre ha mandado matar un becerro cebado.

28El se enojó y no quería entrar, por lo que su padre tuvo que salir a llamarlo.

29Hace ya tantos años, le replicó el hijo, que te estoy sirviendo, y nunca jamás he quebrantado una de tus órdenes. Con todo, nunca me has dado un cabrito siquiera para hacer un poco de fiesta con mis amigos.

30Ha venido este hijo tuyo, que ha consumido tu hacienda con las meretrices, y haces matar para él un becerro cebado.

31Hijo mío, le respondió el padre, tú siempre estás en mi compañía y todos mis bienes son tuyos.

32Pero es muy justo que hagamos fiesta y nos alegremos, porque este tu hermano había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y lo hemos hallado.

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