Lucas 14
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Jesús cura un sábado a un hidrópico. Entró a comer un sábado en casa de uno de los principales fariseos. Y éstos le espiaban cautelosamente,
2porque tenía delante de sí a un hidrópico.
3Tomando Jesús la palabra hizo esta pregunta a los fariseos y doctores de la ley: ¿Se puede curar en sábado, sí o no?
4Como ellos guardasen silencio, tomóle de la mano, lo curó y le mandó que se marchase.
5Dirigiéndose después a ellos, les dijo: Suponed que un hijo o un buey se os ha caído a un pozo. ¿Quién hay de entre vosotros que no vaya al instante a sacarlos, aunque sea en sábado?
6Y ante esto nada pudieron echarle en cara. /par
7Elección del último lugar. Y, observando cómo iban escogiendo para sí los primeros puestos, les propuso esta parábola.
8Cuando seas invitado por alguno a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya un invitado más distinguido que tú;
9y venga a decirte el que a uno y otro os invitó: Cede a éste tu puesto. Con lo cual tendrás que ir avergonzado a ocupar el último lugar.
10Al contrario, cuando te inviten, ve a ponerte en el último puesto, para que cuando venga el que te invitó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces eso te proporcionará gran honor en presencia de todos los comensales;
11porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. /par
12Invitar a los pobres. Dijo también al que lo había invitado: Cuando des una comida o cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes o vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te inviten, y sea ésa tu única recompensa.
13Antes al contrario, cuando des una comida, llama a los pobres, tullidos, cojos y ciegos.
14Y dichoso de ti, si no tienen con qué pagarte. Porque Dios te lo recompensará en la resurrección de los justos. /par
15Parábola de los invitados descorteses. Oyendo esto uno de los invitados, exclamó: Bienaventurado el que se siente al convite del reino de Dios.
16Díjole Jesús: Un hombre quiso dar un gran banquete, y convidó a mucha gente.
17Y envió a su siervo a la hora del banquete a decir a los invitados: Venid; que ya está todo preparado.
18Y todos unánimemente comenzaron a presentar excusas. Díjole el primero: He comprado una granja y necesariamente tengo que salir a verla. Dispénsame, por favor, que no puedo.
19El segundo le dijo: Acabo de comprar cinco yuntas de bueyes y voy a ir a probarlas. Por favor te pido que me dispenses.
20Otro, finalmente, dijo: Acabo de casarme. Así que no puedo acudir.
21El siervo dio cuenta de todo esto a su amo. Este, montando en cólera, le dio esta orden: Sal al momento a las plazas y calles de la ciudad y haz que pasen aquí pobres, tullidos, ciegos y cojos.
22Comunicóle luego el siervo: Señor, ya he hecho lo que me mandaste y todavía queda sitio.
23Sal, añadió el amo, a los caminos y a los cercados, y oblígales a entrar, para que se llene mi casa;
24porque os aseguro que ninguno de los que habían sido invitados tomará parte en mi banquete. /par
25La abnegación cristiana debe ser total. Le iba acompañando en su viaje un numeroso gentío. Dirigiéndose a ellos les dijo:
26Si alguno quiere seguirme y no aborrece a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y hasta su misma vida, no puede ser mi discípulo.
27El que no carga con su cruz para venir en pos de mí, no puede ser mi discípulo.
28En efecto, suponed que uno de vosotros quiere construir una torre. ¿No es verdad que se sienta primero a calcular los gastos, por ver si tiene lo necesario para llevarla a feliz término?
29No sea que, una vez echados los cimientos, no pueda terminarla; y todos los que lo vean comiencen a burlarse de él,
30diciendo: Mirad a ése. Comenzó a edificar, y no pudo terminar.
31O suponed que un rey tiene que hacer campaña contra otro rey. ¿No es verdad que primero considera detenidamente si podrá hacer frente con diez mil hombres al que viene contra él con veinte mil?
32Si no puede, despacha una embajada cuando todavía está el otro lejos, proponiéndole condiciones de paz.
33Así pues, ninguno de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, podrá ser mi discípulo. /par
34Parábola de la sal. Buena es la sal. Pero, si la sal pierde su sabor, ¿con qué la vais a salar?
35No vale ni para la tierra ni para el estercolero; sólo vale para ser echada fuera. El que tenga entendimiento que discurra.