Hechos 15
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Concilio de Jerusalén. Ocasión. Entretanto algunos hermanos, que habían bajado de Judea, empezaron a en señar a los demás esta doctrina: Si no os hacéis circuncidar conforme a la ley de Moisés, no os podéis salvar.
2Con esto se produjo un gran revuelo y una viva polémica de Pablo y Bernabé contra ellos. Por fin se tomó el acuerdo de que Pablo y Bernabé y algunos de los otros subieran a Jerusalén a donde los apóstoles y presbíteros para resolver la cuestión.
3Provistos de lo necesario por la iglesia, atravesaron Fenicia y Samaría, narrando en todas pates la conversión de los gentiles y causando gran gozo a todos los hermanos.
4A su llegada a Jerusalén fueron recibidos por la iglesia y por los apóstoles y presbíteros; y les contaron todo cuanto Dios había hecho con ellos.
5Pero algunos fieles, que habían pertenecido a la secta de los fariseos, intervinieron para decir: Es preciso hacerlos circuncidar y mandarles guardar la ley de Moisés.
6Por lo que se reunieron los apóstoles y presbíteros para estudiar la cuestión.
7Discurso de Pedro en el concilio. Después de una larga discusión, se levantó Pedro y dijo: Hermanos, vosotros mismos sabéis cómo ya desde los primeros días Dios determinó aquí mismo entre nosotros que por mi boca escuchasen los gentiles la doctrina del evangelio y llegasen a la fe.
8Dios, que conoce los corazones, se ha declarado en favor de ellos, al darles el Espíritu Santo igual que a nosotros;
9y no ha establecido diferencia alguna entre ellos y nosotros, cuando por la fe ha purificado sus corazones.
10Ahora bien, ¿cómo tentáis a Dios, queriendo imponer sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido soportar?
11No. Por la gracia de Jesús, el Señor, creemos alcanzar la salud nosotros lo mismo que ellos.
12Toda la asamblea guardó silencio y escucharon a Pablo y a Bernabé, que contaban todas las señales y prodigios que por su medio había obrado Dios entre los gentiles.
13Discurso de Santiago en el concilio. Después que terminaron de hablar, tomó Santiago la palabra. Hermanos, dijo, escuchadme.
14Simón nos ha contado cómo Dios desde un principio se dignó tomar para sí un pueblo de entre los gentiles.
15Y con ello están conformes las palabras de los profetas. Así dice la escritura:
16Después de esto volveré a restaurar el tabernáculo de David, que había venido a tierra. Y reedificaré sus ruinas, y lo levantaré,
17a fin de que se conviertan al Señor todos los demás, es decir, todas las naciones que invocan mi nombre. Así habla el Señor, que lleva a cabo estas cosas,
18conocidas por él desde siempre.
19Por esto, mi opinión es que no se inquiete más a los gentiles que se convierten a Dios.
20Sólo debemos hacerles saber por escrito que se abstengan de las viandas ofrecidas a los ídolos, de la fornicación, de comer carne de animales ahogados y de comer sangre.
21Porque la ley de Moisés desde antiguo tiene en cada ciudad sus propios expositores, y la leemos un sábado tras otro en las sinagogas.
22Decreto del concilio. Por lo cual decidieron los apóstoles y ancianos con toda la iglesia elegir algunos de entre ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y con Bernabé. Los señalados fueron: Judas, llamado Barsabas, y Silas, persona de autoridad entre los hermanos.
23Y enviaron con ellos una carta redactada en los siguientes términos: A los hermanos de la gentilidad de Antioquía, Siria y Cilicia, sus hermanos, los apóstoles y ancianos: Salud.
24Por cuanto nos hemos enterado de que algunos de los nuestros, salidos de aquí sin comisión alguna de nuestra parte, os han puesto en confusión con sus palabras, revolviendo vuestras conciencias,
25hemos decidido de común acuerdo elegir y enviaros varones de vuestra confianza en compañía de nuestros amados hermanos Bernabé y Pablo,
26hombres éstos que han consagrado sus vidas al servicio de nuestro Señor Jesucristo.
27Os enviamos por tanto a Judas y a Silas, quienes os transmitirán de palabra el mismo mensaje.
28El Espíritu Santo y nosotros hemos tenido a bien no imponeros otra carga que éstas indispensables:
29Que os abstengáis de las viandas ofrecidas a los ídolos, de comer sangre, de comer carne de animales ahogados y de la fornicación. Haréis muy bien en absteneros de todo esto. Salud.
30Promulgación del decreto en Antioquía. Los enviados bajaron a Antioquía; y, reuniendo a la comunidad, les entregaron la carta.
31A su lectura se llenaron de gozo y de consuelo.
32Judas y Silas, que tenían también el don de hablar bajo la inspiración de Dios, dirigieron una larga exhortación a los hermanos, fortaleciéndolos en su fe.
33Después que se detuvieron allí algún tiempo, fueron despedidos con saludos de paz por los hermanos, y se volvieron a los apóstoles y ancianos que los habían enviado.
35Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía, enseñando y evangelizando en unión con otros muchos la palabra del Señor.
36Pablo se separa de Bernabé y recorre Siria y Cilicia. Después de pasado algún tiempo, dijo Pablo a Bernabé: Vamos a recorrer todas las ciudades donde hemos predicado la palabra del Señor para visitar a los hermanos y ver cómo están.
37Bernabé quería llevar consigo también a Juan, llamado Marcos.
38Pero Pablo era de parecer que no debían llevar a uno que los había abandonado desde Panfilia y no los había acompañado en la obra de la evangelización.
39Se acaloraron los ánimos hasta el punto de separarse el uno del otro. Bernabé, tomando consigo a Marcos, se embarcó para Chipre;
40mientras Pablo, tomando por compañero a Silas y encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, salía
41a recorrer Siria y Cilicia, fortaleciendo a las iglesias en la fe.