Hechos 1
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Prólogo (1,1-3) En mi primer libro, caro Teófilo, traté del ministerio público de Jesús desde sus comienzos
2hasta el día en que, habiendo dado sus instrucciones a los apóstoles que se había escogido por inspiración del Espíritu Santo, fue llevado al cielo.
3De ellos se dejó ver después de su pasión, dándoles pruebas evidentes de que estaba con vida; se les apareció a lo largo de cuarenta días, y les fue instruyendo acerca del reino de Dios.
4Ultimas instrucciones y ascensión de Jesús (1,4-11) Estando una vez comiendo con ellos a la mesa, mandóles que no saliesen de Jerusalén, sino que esperasen allí el cumplimiento de la promesa del Padre; promesa, añadió, que de mis labios escuchasteis.
5Juan, es cierto, bautizó con agua; pero vosotros seréis bautizados de aquí a pocos días con el Espíritu Santo.
6Estando, pues, reunidos con él, le preguntaron: Señor, ¿vas a restaurar ahora el reino de Israel?
7El les respondió: No toca a vosotros conocer el tiempo y la ocasión que el Padre con sola su autoridad soberana ha señalado.
8Pero, sí, recibiréis la fortaleza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros; y aseguraréis la verdad de mi doctrina y de mis hechos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta en los últimos confines de la tierra.
9Dichas estas palabras, se elevó en presencia de ellos hacia el cielo, y una nube lo ocultó a su vista.
10Mientras continuaban mirando ansiosamente al cielo, con la vista fija en Jesús, que se alejaba, aparecieron de improviso ante ellos dos hombres vestidos de blanco,
11que les dijeron: Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? Ese Jesús, que ha sido llevado al cielo, vendrá de la misma manera que le habéis visto remontarse allá.
12I. La Iglesia en Jerusalén (1,12-8,3) El colegio apostólico y su vida de oración. Con esto regresaron a Jerusalén del monte llamado Olivete, que está cerca de la ciudad, a poco más de un kilómetro de distancia;
13y subieron al piso alto de la casa donde se alojaban Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el hijo de Alfeo, Simón el Zelotes y Judas el hijo de Santiago.
14Todos ellos, llevados de un mismo afecto, se reunían allí para la oración en compañía de algunas mujeres y de María, la madre de Jesús, y de los hermanos de éste.
15Elección del apóstol Matías. Uno de aquellos días, dirigiéndose Pedro a los hermanos reunidos (eran en total unas ciento veinte personas), habló así:
16Hermanos: tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo por boca de David había profetizado acerca de Judas, el que guió a los que prendieron a Jesús.
17Era él uno de los nuestros, y había obtenido un puesto en este nuestro ministerio apostólico.
18A decir verdad, se ganó un campo como premio de su iniquidad; habiendo caído de cabeza y reventado por la mitad, se esparcieron todas sus entrañas.
19Y el caso llegó a ser tan conocido de todos los habitantes de Jerusalén, que aquel campo se llamó en su lengua «Hacéldama», que quiere decir campo de la sangre.
20Así está escrito en el libro de los salmos: Que se quede desierta su morada, que nadie habite en ella. Y que otro se levante con su cargo.
21Hay aquí entre nosotros hombres que han andado en nuestra compañía todo el tiempo del ministerio público de Jesús, el Señor;
22es decir, desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión. Es, pues, preciso que elijamos a uno de ellos para que junto con nosotros dé testimonio de la verdad de la resurrección.
23Y presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías.
24Y oraron así: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, haznos ver a cuál de estos dos has escogido
25para ocupar en este ministerio apostólico el puesto que abandonó Judas para irse a su lugar.
26Echaron a suertes entre ellos y tocó a Matías. Así quedó agregado a los once apóstoles.