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Hebreos 10

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

14.º) Jesús, sumo sacerdote, causa de salud eterna (10,1-18) Ineficacia de los sacrificios antiguos en orden a la santificación. La ley contiene la sombra de los bienes futuros, no la realidad misma de las cosas. Por esto, con los sacrificios —siempre los mismos— que cada año se van ofreciendo incesantemente, no puede la ley de ningún modo consumar en la perfección a quienes buscan acercarse a Dios.

2Porque, ¿no habrían cesado tales sacrificios si no tuvieran conciencia de pecado los que, una vez purificados, vuelven a sacrificar?

3Claro que sí. Pero en esos sacrificios se hace cada año memoria de los pecados.

4Sustitución de los sacrificios por el sacrificio de Cristo. En efecto, es imposible que la sangre de los toros y machos cabríos borre los pecados.

5Por eso Cristo, entrando en este mundo, dice: No quisiste sacrificio ni oblación, pero me has preparado un cuerpo.

6No te complaciste en holocaustos ni sacrificios por el pecado.

7Entonces yo exclamé: Ya estoy aquí —así está escrito de mí en el rollo de la ley— para cumplir, oh Dios, tu voluntad.

8Dice lo primero: «Ni sacrificios ni oblaciones ni holocaustos ni sacrificios por el pecado quisiste; ni en ellos te complaciste» a pesar de que todos son ofrecidos según la ley.

9Pero en seguida dice: «Ya estoy aquí para cumplir tu voluntad.» Con esto abroga lo primero y establece lo segundo.

10En virtud de esta voluntad quedamos nosotros santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, ofrecido una vez para siempre.

11Sustitución de los sacerdotes antiguos por Cristo glorificado. Todo sacerdote asiste de pie cada día, oficiando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que de ningún modo pueden borrar los pecados.

12En cambio Jesús, que ofreció un solo sacrificio en expiación de los pecados, está sentado para siempre a la diestra de Dios;

13y espera el tiempo que falta: «Hasta que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies.»

14Así con una sola oblación ha consumado para siempre en la gloria a los que ha santificado.

15Suficiencia de la nueva alianza. Nos lo atestigua también el Espíritu Santo. Después de haber dicho:

16Esta es la alianza que concertaré con ellos. Después de aquellos días, dice el Señor, depositaré mi ley en sus corazones y la escribiré en su espíritu;

17termina así: «De sus pecados y de sus iniquidades ya no me acordaré más.»

18Así que, allí donde se da remisión de los pecados, ya no hay más sacrificio por el pecado.

195.º) Exhortación final (10,19-39)

20Este es el camino nuevo y lleno de vida que ha inaugurado para nosotros pasando por el velo, es decir, por su condición de sumisión a la muerte.

21Y tenemos también un gran sacerdote al frente de la casa de Dios.

22Acerquémonos, por lo tanto, con sinceridad de corazón, con plenitud de fe, purificados los corazones de toda impureza de conciencia y lavado el cuerpo con agua pura.

23Mantengamos firmemente la profesión de nuestra esperanza (porque fiel es Dios que nos hizo las promesas);

24y miremos los unos por los otros para estimularnos a la caridad y a las buenas obras.

25No desertemos de nuestras asambleas religiosas, como acostumbran algunos; sino enfervoricémonos unos a otros; y tanto más cuanto que veis acercarse el día del Señor.

26Consecuencias terribles de la apostasía. Si después de haber recibido el conocimiento de la verdad continuamos pecando voluntariamente, ya no nos queda sacrificio por los pecados.

27Sólo queda la perspectiva, terrible cual ninguna otra, del juicio, y la cólera inflamada de Dios, que devorará a los enemigos.

28Quien desprecia la ley de Moisés, ante la deposición de dos o tres testigos, es condenado a muerte sin compasión.

29Pues bien, ¿no creéis que merecerá un castigo mucho más terrible aquel que pisotea al Hijo de Dios, y tiene por inmunda la sangre de la alianza en que fue santificado, y ultraja al espíritu de la gracia?

30Ya conocemos a aquel que dijo: Es mía la venganza. Yo infligiré el castigo. Y también: El Señor juzgará a su pueblo.

31Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo.

32Las persecuciones anteriores deben animarlos en la perseverancia en la fe. Traed a la memoria los días primeros en que después de haber sido iluminados soportasteis tan duros combates y padecimientos.

33Por un lado estabais expuestos a la pública afrenta y persecución; y por otro, hacíais causa común con los que en tal situación se encontraban.

34Y así es la verdad. Teníais parte en los sufrimientos de los encarcelados; y aceptasteis con alegría el despojo de vuestros bienes, sabiendo que estáis en posesión de una hacienda mejor e indefectible.

35No perdáis, pues, vuestra confianza. Ella lleva en sí una gran recompensa.

36Tenéis necesidad de constancia, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, podáis obtener la promesa.

37Porque un poco de tiempo todavía, un poco nada más, y el que viene vendrá y no tardará.

38Y vivirá mi justo de la fe. Pero si vuelve atrás, no pondré más mi complacencia en él.

39Nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su perdición. Somos hombres de fe, que vamos adelante por la salud de nuestra alma.

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