1 Juan 3
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Ved qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre, que nos llama hijos suyos. ¡Y lo somos en verdad! El mundo no nos conoce, porque no ha conocido a él.
2Carísimos, ahora somos hijos de Dios; aunque todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
3Primera condición: Romper con el pecado. Todo el que tiene esta esperanza en él, se vuelve santo como él es santo.
4Todo el que comete el pecado, traspasa también la ley, porque el pecado es la transgresión de la ley.
5Sabéis que él apareció para borrar los pecados, y que en él no hay pecado.
6Quien permanece en él, no peca. Quien comete el pecado, ni le ha visto ni ha conocido a él.
7Hijitos míos, que nadie os lleve al error. Quien practica el bien, es bueno como él es bueno.
8Quien peca, pertenece al diablo, porque el diablo es pecador desde el principio. Y para esto apareció el Hijo de Dios, para destruir las obras del diablo.
9Quien ha nacido de Dios, no comete el pecado porque su germen permanece en él. Y no puede pecar porque ha nacido de Dios.
10En esto se conocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: Quien no practica el bien no procede de Dios; como tampoco quien no ama a su hermano.
11Segunda condición: Guardar los mandamientos, sobre todo el de la caridad. Porque éste es el mensaje que escuchasteis desde un principio: Que nos amemos los unos a los otros.
12No como Caín, que, siendo del maligno, degolló a su hermano. Y ¿por qué lo degolló? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano buenas.
13No os extrañéis, hermanos, de que el mundo os aborrezca.
14Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida; porque, como veis, amamos a nuestros hermanos. Quien no ama, permanece en la muerte.
15Quien aborrece a su hermano, es un homicida. Y ya sabéis que ningún homicida tiene la vida eterna permaneciendo en él.
16En esto hemos conocido el amor: En que él dio su vida por nosotros. Por lo mismo, también nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos.
17Si un rico en bienes de fortuna ve a su hermano pasar necesidad, y, hombre sin entrañas, le niega su socorro, ¿cómo es posible que more en él el amor de Dios?
18Hijitos míos, no amemos con palabras ni con la lengua, sino con las obras y de verdad.
19En ello conoceremos que somos de la verdad; y nuestra conciencia descansará tranquila en él,
20porque si nos reprocha algo la conciencia, Dios es mayor que ella y lo conoce todo.
21Carísimos, si la conciencia no nos reprocha nada, tenemos plena confianza con Dios.
22Y todo cuanto pidamos lo recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le es grato.
23Y éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos mutuamente conforme al mandamiento que nos dio.
24Quien guarda sus mandamientos, permanece en Dios y Dios en él. Y conocemos que permanece en nosotros por el espíritu que nos ha dado.