1 Juan 2
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Hijitos míos, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, al justo.
2El es propiciación por nuestros pecados. Y no sólo por los nuestros sino por los del mundo entero.
3Segunda condición: Guardar los mandamientos, sobre todo el de la caridad. Sabemos que hemos llegado a conocerlo, si guardamos sus mandamientos.
4Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, miente; y la verdad no está en él.
5Pero quien guarda su palabra, posee el perfecto amor de Dios. En eso conocemos que estamos en él.
6Quien dice que está siempre en él, debe andar de continuo como él anduvo.
7Carísimos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo que teníais ya desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que escuchasteis.
8Y con todo, es un mandamiento nuevo el que os escribo, y se verifica en él y en vosotros; porque, ya lo veis, las tinieblas van pasando y la luz verdadera brilla ya.
9Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está todavía en las tinieblas.
10Quien ama a su hermano, está siempre en la luz; y no hay ocasión de ruina en él.
11Pero quien aborrece a su hermano, está en las tinieblas, y en las tinieblas anda sin saber adónde va porque las tinieblas le han cegado los ojos.
12Tercera condición: Huir del mundo. Os escribo, hijitos míos, porque en virtud de su nombre se os han perdonado los pecados.
13Os escribo, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os escribo, jóvenes, porque habéis vencido al maligno.
14Os escribo, niños, porque habéis conocido al Padre. Os escribo, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os escribo, jóvenes, porque sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al maligno.
15No améis al mundo, ni lo que hay en el mundo. Quien ama al mundo, no posee el amor del Padre;
16porque todo cuanto hay en el mundo concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida, no proviene del Padre sino que procede del mundo.
17El mundo pasa y sus concupiscencias con él. Pero quien cumple la voluntad de Dios, permanece para siempre.
18Cuarta condición: Guardarse de los anticristos. Hijitos míos, ésta es la hora última. Habéis oído decir que el anticristo viene. Pues bien, ahora se han levantado muchos anticristos. Por eso conocemos que ésta es la hora postrera.
19De nosotros han salido, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, con nosotros habrían quedado. Con esto se da a conocer que no todos son de los nuestros.
20Vosotros, en cambio, poseéis la unción que viene del Santo, y todos lo sabéis.
21Os escribo, no porque no conozcáis la verdad, sino porque la conocéis; y sabéis que ninguna mentira tiene su origen en la verdad.
22¿Quién miente sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.
23Quien niega al Hijo, tampoco posee al Padre. Quien reconoce al Hijo, posee también al Padre.
24Vosotros, en cambio, procurad manteneros en la doctrina que desde un principio escuchasteis. Si en vosotros permanece la doctrina desde un principio recibida, permaneceréis en el Hijo y en el Padre.
25Y ésta es la promesa que él nos hizo: La vida eterna.
26Os es cribo la presente a propósito de los que intentan induciros al error.
27La unción que de él habéis recibido permanece en vosotros; y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe. Como su unción os instruye de todas las cosas (y es verídica y no mentirosa), y tal como os enseñó antes, permaneced en él.
28Y ahora, hijitos míos, permaneced en él. Así cuando se manifieste, cobraremos plena confianza; y no nos apartaremos de él, confundidos, en su advenimiento.
29II. El cristiano debe vivir como hijo del Padre (2,29-4,6) Participación de la filiación divina. Si sabéis que él es bondadoso, sabéis también que todo el que practica el bien ha nacido de él.