Biblia
Entrar Crear cuenta

Esquema de color

Tamaño de letra

Hechos 9

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Saulo, respirando amenazas contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote

2y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco autorizándolo para llevar presos a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres y mujeres.

3Iba de camino, ya cerca de Damasco, cuando de repente lo deslumbró una luz que venía del cielo.

4Cayó en tierra y oyó una voz que le decía: –Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

5Contestó: –¿Quién eres, Señor? Le dijo: –Yo soy Jesús, a quien tú persigues.

6Ahora levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que debes hacer.

7Los acompañantes se detuvieron mudos, porque oían la voz pero no veían a nadie.

8Saulo se levantó del suelo y, al abrir los ojos, no veía. Lo tomaron de la mano y lo hicieron entrar en Damasco,

9donde estuvo tres días, ciego, sin comer ni beber.

10Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. En una visión le dijo el Señor: –¡Ananías! Respondió: –Aquí me tienes, Señor.

11Y el Señor le dijo: –Encamínate a la Calle Mayor y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso: lo encontrarás orando.

12En una visión Saulo contemplaba a un tal Ananías que entraba y le imponía las manos y en ese momento recobraba la vista.

13Ananías respondió: –Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y contar todo el daño que ha hecho a los consagrados de Jerusalén.

14Ahora está autorizado por los sumos sacerdotes para arrestar a los que invocan tu nombre.

15Le contestó el Señor: –Ve, que ése es mi instrumento elegido para difundir mi nombre entre paganos, reyes e israelitas.

16Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre.

17Salió Ananías, entró en la casa y le impuso las manos diciendo: –Saulo, hermano, me envía el Señor Jesús, el que se te apareció cuando venías por el camino, para que recobres la vista y te llenes de Espíritu Santo.

18Al instante se le cayeron de los ojos como unas escamas, recobró la vista, se levantó, se bautizó,

19comió y recobró las fuerzas. Y se quedó unos días con los discípulos de Damasco.

20Muy pronto se puso a proclamar en las sinagogas que Jesús era el Hijo de Dios.

21Todos los oyentes comentaban asombrados: –¿No es éste el que perseguía en Jerusalén a los que invocan dicho nombre y ha venido acá para llevárselos presos ante los sumos sacerdotes?

22Pero Saulo iba ganando fuerza y confundía a los judíos que vivían en Damasco, afirmando que Jesús era el Mesías.

23Pasados bastantes días los judíos decidieron eliminarlo;

24pero Pablo se enteró de su plan. Y, como los judíos custodiaban las puertas de la ciudad día y noche para eliminarlo,

25una noche los discípulos lo descolgaron por el muro, escondido en una canasta.

26Al llegar a Jerusalén, intentaba unirse a los discípulos; pero ellos le tenían miedo, porque no creían que fuera discípulo.

27Bernabé, haciéndose cargo de él, se lo presentó a los apóstoles y él les contó cómo había visto al Señor en el camino, cómo le había hablado y con qué franqueza había anunciado en Damasco el nombre de Jesús.

28Saulo se quedó en Jerusalén, moviéndose libremente; anunciaba valientemente el nombre de Jesús,

29conversaba y discutía con los judíos de lengua griega, pero estos tramaban su muerte.

30Sus hermanos, al enterarse lo acompañaron hasta Cesarea y lo enviaron a Tarso.

31La Iglesia entera de Judea, Galilea y Samaría gozaba de paz, se iba construyendo, vivía en el temor del Señor y crecía animada por el Espíritu Santo.

32En uno de sus viajes bajó Pedro a visitar a los consagrados que habitaban en Lida.

33Encontró a un tal Eneas, que llevaba ocho años en cama paralítico.

34Pedro le dijo: –Eneas, Jesucristo te sana. Levántate y arregla la cama. Al instante se levantó.

35Todos los vecinos de Lida y Sarón lo vieron y se convirtieron al Señor.

36En Jafa vivía una discípula llamada Tabita –que significa gacela–: repartía muchas limosnas y hacía obras de caridad.

37Sucedió por entonces que cayó enferma y murió. La lavaron y la colocaron en el piso superior.

38Como Lida está cerca de Jafa, los discípulos, oyendo que Pedro se encontraba allí, enviaron dos hombres a buscarlo: –Ven por acá sin tardanza.

39Pedro se fue con ellos. Al llegar, lo llevaron al piso de arriba. Las viudas lo rodearon y llorando le mostraban las túnicas y mantos que hacía Gacela mientras vivía con ellas.

40Pedro hizo salir a todos, se arrodilló y rezó; después, vuelto hacia el cadáver, ordenó: –Gacela, levántate. Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó.

41Él le dio la mano y la hizo levantar. Después llamó a los consagrados y a las viudas y se la presentó viva.

42El hecho se supo en toda Jafa, y muchos creyeron en el Señor.

43Pedro se quedó algún tiempo en Jafa, en casa de Simón el curtidor.

WhatsApp