Hechos 8
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Saulo estaba allí y aprobó la muerte de Estaban. Aquel día se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén, de modo que todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por el territorio de Judea y Samaría.
2Hombres piadosos sepultaron a Esteban y le ofrecieron un solemne funeral.
3Saulo, por su parte, perseguía a la Iglesia, se metía en las casas, tomaba a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.
4Los dispersos recorrían el país anunciando la Buena Noticia.
5Felipe bajó a una ciudad de Samaría y allí proclamaba al Mesías.
6La multitud escuchaba con atención e íntimamente unida lo que Felipe decía, porque oían y veían las señales que realizaba.
7Espíritus inmundos salían de los poseídos dando grandes voces; muchos paralíticos y lisiados se sanaban,
8y la ciudad rebosaba de alegría.
9Desde hacía tiempo había en la ciudad un hombre llamado Simón que practicaba la magia, tenía impresionada a la gente de Samaría y se hacía pasar por un gran personaje.
10Todos, del mayor al menor, le escuchaban y comentaban: –Éste es la Fuerza de Dios, ésa que es llamada Grande.
11Le escuchaban porque durante bastante tiempo los había tenido encantados con su magia.
12Pero, cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba la Buena Noticia del reino de Dios y el nombre de Jesús Mesías, todos, hombres y mujeres, se bautizaron.
13También Simón creyó y se bautizó, y seguía constantemente a Felipe, asombrado al ver los grandes milagros y señales que hacía.
14En Jerusalén los apóstoles se enteraron que Samaría había aceptado la Palabra de Dios, y les enviaron a Pedro y Juan.
15Éstos bajaron y rezaron para que recibieran el Espíritu Santo
16porque todavía no había bajado sobre ninguno de ellos y sólo estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús.
17Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.
18Viendo Simón que, mediante la imposición de las manos de los apóstoles, se concedía el Espíritu, les ofreció dinero
19diciendo: –Denme también a mí ese poder de conferir el Espíritu Santo al que le imponga las manos.
20Pedro le replicó: –¡Maldito seas tú con tu dinero, si crees que el don de Dios se compra con dinero!
21Este poder no es para ti ni te corresponde, porque Dios no aprueba tu actitud.
22Arrepiéntete de tu maldad y pide que se te perdone tu error.
23Te veo convertido en hiel amarga y atado en lazos de maldad.
24Respondió Simón: –Rueguen ustedes al Señor por mí, para que no me suceda nada de lo que acabas de decir.
25Ellos, después de dar testimonio exponiendo el mensaje del Señor, se volvieron a Jerusalén, anunciando por el camino la Buena Noticia en muchos pueblos de Samaría.
26El ángel del Señor dijo a Felipe: –¡Levántate! Dirígete al sur, al camino que conduce de Jerusalén a Gaza –un camino desierto –.
27Él se puso en camino. Sucedió que un eunuco etíope, ministro de la reina Candaces y administrador de sus bienes,
28volvía de una peregrinación a Jerusalén, sentado en su carroza y leyendo la profecía de Isaías.
29El Espíritu dijo a Felipe: –Acércate y camina junto a la carroza.
30Felipe la alcanzó de una carrera y oyó que estaba leyendo la profecía de Isaías, y le preguntó: –¿Entiendes lo que estás leyendo? Contestó:
31–¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me lo explica? Y lo invitó a subir y sentarse junto a él.
32El texto de la Escritura que estaba leyendo era el siguiente: Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, muda, así él no abrió la boca.
33Lo humillaron negándole la justicia; ¿quién podrá hablar de su descendencia ya que su vida es arrancada de la tierra?
34El eunuco preguntó a Felipe: –Dime, por favor, ¿por quién lo dice el profeta? ¿Por sí o por otro?
35Felipe tomó la palabra y, comenzando por aquel texto, le explicó la Buena Noticia de Jesús.
36Siguiendo camino adelante llegaron a un lugar donde había agua, y el eunuco le dijo: –Ahí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?
37Contestó Felipe: ¿Crees de todo corazón? Respondió el eunuco: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
38Mandó parar la carroza, bajaron los dos hasta el agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó.
39Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, de modo que el eunuco no lo vio más; y continuó su viaje muy contento.
40Felipe apareció por Azoto, y recorriendo la región iba anunciando la Buena Noticia a todas las poblaciones hasta que llegó a Cesarea.