Eclesiástico (Sirácide) 47
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Después de él surgió NATÁN, que estuvo al servicio de DAVID,
2como la grasa se aparta del sacrificio de comunión, así David fue elegido entre los Israelitas.
3Jugaba con leones como con cabritos, y con osos como con corderillos;
4siendo un muchacho mató a un gigante, quitando la humillación del pueblo, cuando su mano hizo girar la honda, y derribó el orgullo de Goliat.
5Invocó al Dios Altísimo, quien fortaleció su derecha para eliminar al poderoso guerrero y restaurar el honor de su pueblo.
6Por eso le cantaban las muchachas alabándolo por sus diez mil.
7Ya coronado peleó y derrotó a sus enemigos vecinos, derrotó a los filisteos hostiles, quebrantando su poder hasta hoy.
8De todas sus empresas daba gracias alabando la gloria del Dios Altísimo; de todo corazón amó a su Creador, entonando salmos cada día;
9trajo instrumentos para servicio del altar y compuso música de acompañamiento;
10celebró fiestas solemnes y ordenó el ciclo de las solemnidades; cuando, de madrugada, alababa el Nombre del Santo resonaba el júbilo de las ceremonias.
11El Señor perdonó su delito y exaltó su poder para siempre, le confirió el poder real y afianzó su trono en Jerusalén.
12Por sus méritos le sucedió un hijo prudente que vivió en paz:
13SALOMÓN, rey en tiempos tranquilos, porque Dios pacificó sus fronteras; construyó un templo en su honor y fundó un santuario perpetuo.
14¡Qué sabio eras en tu juventud, rebosando doctrina como el Nilo!
15Tu saber cubría la tierra, y la llenaste con tu canto sublime;
16tu fama llegaba hasta las costas, que deseaban escucharte.
17De tus cantos, proverbios, enigmas y sentencias los pueblos quedaban pasmados;
18te llamaban con el nombre glorioso con que llaman a Israel. Pero amontonaste oro como hierro y acumulabas plata como plomo;
19entregaste a mujeres tus muslos dándoles poder sobre tu cuerpo,
20echaste una mancha en tu honor e infamia sobre tu lecho, atrayendo la ira sobre tus descendientes y desgracias sobre tu posteridad.
21Por eso el pueblo se dividió en dos partes y un reino rebelde surgió de Efraín.
22Pero Dios no retiró su lealtad ni dejó de cumplir sus promesas; no aniquila a los hijos de sus escogidos ni destruye la descendencia de sus amigos, sino que dejó un resto a Jacob y a David un retoño de su descendencia.
23Salomón descansó con sus padres y dejó por sucesor a uno de sus hijos: rico en locura y falto de juicio, que con su política hizo amotinarse al pueblo. Surgió uno se pronuncie su nombre– que pecó e hizo pecar a Israel;
24fue un escándalo para Efraín, que lo condujo al destierro; enorme fue su pecado, se entregó a toda maldad.
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