Biblia
Entrar Crear cuenta

Esquema de color

Tamaño de letra

Eclesiástico (Sirácide) 38

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Respeta al médico, pues lo necesitas, también a él lo ha creado Dios.

2El médico recibe su ciencia de Dios y del rey su sustento.

3Por su ciencia lleva alta la cabeza y se presenta ante los nobles.

4Dios hace que la tierra produzca remedios: el hombre prudente no los desdeñará.

5¿No endulzó el agua con una rama, mostrando así a todos su poder?

6El médico alivia con plantas los dolores y el boticario prepara sus ungüentos.

7Dios concedió al hombre inteligencia para que lo alaben por sus obras poderosas,

8así las obras de Dios no tienen fin ni la destreza de los hijos de Adán.

9Hijo mío, cuando caigas enfermo, no te descuides, reza a Dios, y él hará que te sanes;

10huye del delito, lava tus manos y limpia tu corazón de todo pecado;

11ofrece, sí, un sacrificio agradable, según tus posibilidades;

12pero deja actuar también al médico, y no lo rechaces, porque también a él lo necesitas;

13hay momentos en que de él depende el éxito,

14y también él reza a Dios para que le dé acierto al diagnosticar y al aplicar la medicina saludable.

15Peca contra su Creador el que se hace fuerte frente al médico.

16Hijo mío, por el muerto derrama lágrimas, gime y entona el canto fúnebre; dale sepultura, según lo merece, y no faltes a su funeral;

17llora de dolor, guárdale luto y hazle el duelo que merece, uno o dos días para las lágrimas, después consuélate de la pena;

18porque la pena acarrea la muerte y la tristeza desgasta las fuerzas;

19en la desgracia se prolonga la pena, la vida del pobre le aflige el corazón.

20No vuelvas a estar pensando en él, desecha su recuerdo y acuérdate del fin;

21recuerda su ley, que es también la tuya: él ayer, hoy tú.

22No sigas recordándolo, pues no tiene esperanza; a él no le aprovecha, a ti te perjudicas.

23Cuando muere, cesa su memoria; consuélate una vez que ha muerto.

24El ocio del escritor aumenta su sabiduría, el que está poco ocupado se hará sabio.

25¿Cómo se hará sabio el que agarra el arado y su orgullo es manejar la picana? El que guía los bueyes, dirige los toros y sólo se ocupa de los novillos,

26se desvela por arreglar el establo y se preocupa de trazar los surcos.

27Lo mismo el artesano y el tejedor, que emplean la noche como el día. Los que esculpen relieves de sellos procurando variar los diseños se esfuerzan por imitar el modelo y se desvelan por terminar la tarea.

28Lo mismo el herrero, sentado junto al yunque, concentrado en trabajar el hierro; el humo y el fuego le secan la carne, mientras lucha con el calor del horno; el ruido del martillo lo ensordece, mientras se fija en el modelo de la herramienta; se esfuerza por dar término a su tarea y se desvela por perfilar la obra.

29Lo mismo el alfarero, sentado al trabajo, hace girar el torno con los pies, siempre preocupado por su tarea y trabajando para completar la cantidad fijada;

30con el brazo modela la arcilla y ablanda su resistencia con los pies; se esfuerza por terminar el barnizado y se desvela por tener limpio el horno.

31Todos éstos se fían de su destreza y son expertos en su oficio;

32sin su trabajo la ciudad no tiene casa ni habitantes ni transeúntes;

33con todo, no les eligen senadores ni descuellan en la asamblea, no toman asiento en el tribunal ni discuten la justa sentencia,

34no exponen su doctrina o su decisión ni entienden de proverbios; aunque mantienen la vieja creación, ocupados en su trabajo de artesanos.

35*

36*

WhatsApp