Eclesiástico (Sirácide) 25
Santa Biblia Martín Nieto ›1En tres cosas se complace mi alma, que son agradables a Dios y a los hombres: la concordia entre hermanos, la amistad entre vecinos y marido y mujer bien avenidos.
2Tres clases de personas odia mi alma, y me indignan sobremanera: pobre soberbio, rico embustero y viejo adúltero y necio.
3Si no has recogido en tu juventud, ¿cómo vas a encontrar en tu vejez?
4¡Qué bien sienta el juicio a los cabellos blancos, y a los ancianos el consejo!
5¡Qué bien sienta la sabiduría en los ancianos, y en los nobles la reflexión y el consejo!
6La rica experiencia es la corona del anciano, y su gloria el temor del Señor.
7Nueve cosas he meditado en el corazón, que estimo dichosas, y una décima que voy a deciros. "El hombre que se goza en sus hijos, el que contempla en vida la caída de los enemigos".
8Feliz el que vive con mujer sensata, quien jamás se desliza con su lengua, quien no sirve a hombre inferior a él.
9Dichoso quien halla la prudencia y quien habla a oídos que le escuchan.
10¡Qué grande es el que encuentra la sabiduría! Pero nadie aventaja al que teme al Señor.
11El temor del Señor sobrepasa a todo. El que lo posee, ¿a quién será comparado?
13Dame cualquier llaga, pero no llaga del corazón. Dame cualquier maldad, pero no maldad de mujer.
14Cualquier desgracia, pero no de manos de los que me aborrecen; cualquier venganza, pero no venganza de enemigo.
15No hay veneno peor que el de la serpiente, no hay cólera como la del enemigo.
16Preferiría vivir con un león y un dragón antes que con una mujer malvada.
17La maldad de la mujer altera su semblante y oscurece su rostro como el de un oso.
18En medio de los enemigos se sienta su marido, y sin querer suspira amargamente.
19Toda maldad es poca comparada con la de la mujer: la suerte del pecador caiga sobre ella.
20Cuesta arenosa para pies de anciano es la mujer deslenguada para un marido pacífico.
21No te dejes seducir por la belleza de una mujer, y no la desees.
22Esclavitud, ignominia y vergüenza grande es que la mujer mantenga a su marido.
23Corazón afligido, rostro entristecido y herida de corazón es la mujer perversa. Manos inertes y rodillas vacilantes, tal es la mujer que no hace dichoso a su marido.
24Por la mujer comenzó el pecado, y por ella morimos todos.
25No des salida al agua, ni a la mujer mala libertad de hablar.
26Si no va como tú quieres, sepárate de ella y despídela.