Eclesiástico (Sirácide) 17
Santa Biblia Martín Nieto ›1El Señor creó al hombre de la tierra, y de nuevo le hará volver a ella.
2Le señaló un número preciso de días y tiempo fijo, y le dio poder sobre los seres que en ella existen.
3Los revistió de fuerza, como él mismo, y los hizo a su imagen.
4Infundió el temor a él en toda carne para que dominase sobre las bestias y las aves.
6Les formó lengua, ojos y oídos, y les dio un corazón para pensar.
7Los llenó de ciencia e inteligencia, y les dio a conocer el bien y el mal.
8Puso su luz en sus corazones para mostrarles la grandeza de sus obras.
10Alabarán su nombre santo y pregonarán la grandeza de sus obras.
11Les dio además conocimientos, y en herencia les dio la ley de vida.
12Hizo con ellos un pacto eterno y les manifestó sus decretos.
13Sus ojos vieron la grandeza de su gloria, sus oídos oyeron su voz majestuosa.
14Y les dijo: "Guardaos de toda injusticia"; les dio mandamientos con relación al prójimo.
15Sus caminos están siempre ante él, y no se esconderán de sus ojos.
16(Sus caminos desde la niñez se inclinan al mal, no son capaces de transformar en corazones de carne los de piedra). (Cuando dividió sobre la tierra las naciones).
17A cada pueblo señaló un jefe, pero Israel es la porción del Señor.
18(Por ser su primogénito lo educa y porque le dio la luz de su amor no lo abandona).
19Todas sus obras están ante él como está el sol, sus ojos están siempre sobre su conducta.
20Sus injusticias no se le ocultan, y todos sus pecados están delante del Señor.
21(El Señor, que es bueno y conoce a su criatura, no los rechaza ni abandona, sino que los perdona).
22La limosna del hombre está como un sello ante Dios, él tiene en cuenta un beneficio como la niña de los ojos.
23Luego se alzará para recompensarlos, pondrá sobre cada uno el pago de sus buenas obras.
24A los que se arrepienten les concede retornar, consuela a los que carecen de esperanza.
25Vuélvete al Señor y deja el pecado, suplícale y cesen tus ofensas.
26Vuélvete al altísimo, apártate de la injusticia y aborrece lo abominable.
27Porque en el abismo, ¿quién alabará al altísimo? Sólo los vivos pueden alabarlo.
28El que muere y deja de existir ya no puede alabar; mientras vive y está sano es cuando puede alabar al Señor.
29¡Qué grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que a él se convierten!
30Ningún hombre lo puede todo, porque el ser humano no es inmortal.
31¿Qué hay más luminoso que el sol? Pues también él se eclipsa. Quien es de carne y sangre urdirá la maldad.
32Dios vigila el ejército de los cuerpos celestes, pero los hombres son todos polvo y ceniza.