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Salmos 58

Biblia del Peregrino (1993)

1Al director de coro: “No destruyas”. De David. Miktam.

2¿Es verdad, poderosos, que dais sentencias justas, que juzgáis rectamente a los hombres?

3No, que cometéis a conciencia crímenes en la tierra y vuestras manos sopesan violencias.

4Se extravían los malvados desde el seno materno, se pervierten desde que nacen los que dicen falsedades.

5Llevan veneno como veneno de serpiente, de víbora sorda que cierra el oído,

6para no oír la voz del encantador, experto en encantamientos.

7Oh Dios, rómpeles los dientes en la boca, quiebra, Señor, los colmillos a los leones.

8Que se derritan como agua que se escurre, que se marchiten como hierba pisoteada;

9sean como babosa que se deslíe al andar, como aborto que no llega a ver el sol.

10Que los arrebaten desprevenidos la tormenta como breñas, como fieras, como un incendio.

11Y goce el honrado viendo la venganza, bañe sus pies en la sangre de los malvados;

12y comenten los hombres: Saca fruto el honrado, porque hay un Dios que hace justicia en la tierra.

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