Salmos 49
Biblia del Peregrino (1993) ›1Al director de coro. De los hijos de Coré. Salmo.
2Oíd esto, pueblos todos, escuchadlo, habitantes del orbe;
3tanto plebeyos como nobles, juntos ricos y pobres:
4Mi boca hablará sabiamente y mi reflexión será sensata;
5prestaré oído al proverbio al son de la cítara propondré mi enigma.
6¿Por qué he de temer los días aciagos cuando criminales me cercan para derribarme
7que confían en sus riquezas y se jactan de sus inmensas fortunas,
8si ninguno puede librarse ni pagar a Dios su rescate?
9Es tan caro el precio de la vida, que nunca les bastará
10para vivir perpetuamente sin tener que ver la fosa.
11Mira, los doctores mueren lo mismo que perecen ignorantes y necios, y legan sus riquezas a extraños.
12El sepulcro es su morada perpetua, su habitación por generaciones, aunque hayan dado su nombre a países.
13El hombre en la opulencia no permanece: es como las bestias que enmudecen.
14Este es el camino de los confiados, el destino de los hombres satisfechos:
15los disponen como ovejas para el Abismo, la Muerte los pastorea y bajan derechos a la tumba. Su figura se desvanece y el Abismo es su mansión.
16Pero Dios rescata mi vida, me arranca de la mano del Abismo.
17No temas si uno se enriquece y aumenta el fasto de su casa:
18que al morir no se llevará nada, su fasto no bajará tras él.
19Aunque en vida se felicitaba: Ponderan lo bien que lo pasas,
20irá a reunirse con sus antepasados que jamás ven la luz.
21El hombre en la opulencia no comprende: es como las bestias que enmudecen.