Salmos 39
Biblia del Peregrino (1993) ›1Al director de coro. De Yedutún. Salmo de David.
2Yo me dije: Vigilaré mi proceder para no fallar con la lengua; pondré una mordaza a mi boca mientras el malvado esté frente a mí.
3Guardé silencio resignado, me contuve inútilmente. Pero mi herida empeoró,
4el corazón me ardía por dentro; pensándolo me requemaba, hasta que solté la lengua.
5Indícame, Señor, mi fin y cuál es la medida de mis años, que comprenda lo caduco que soy.
6Me concediste unos palmos de vida, mis días son como nada ante ti: El hombre no dura más que un soplo,
7el hombre se pasea como un fantasma; por un soplo se afana, atesora sin saber para quién.
8Entonces, Señor, ¿qué aguardo? Mi esperanza está en ti.
9De todas mis iniquidades líbrame, no me hagas la burla del necio.
10Enmudezco, no abro la boca, que eres tú quien lo ha hecho.
11Aparta de mí tu golpe, por el ímpetu de tu mano me consumo.
12Castigando la culpa educas al hombre, y roes como polilla sus tesoros. El hombre no es más que un soplo.
13Escucha mi súplica, Señor, atiende a mi grito no seas sordo a mis lágrimas. Pues yo soy huésped tuyo, forastero como todos mis padres.
14No te fijes en mí; dame respiro antes de que marche para no ser.