Salmos 38
Biblia del Peregrino (1993) ›1Salmo de David. Para conmemorar.
2Señor, no me reprendas con ira, no me corrijas con cólera.
3Que tus flechas se me han clavado y tu mano pesa sobre mí.
4No hay parte ilesa en mi carne, a causa de tu furor, no me queda un hueso sano, a causa de mi pecado.
5Pues mis culpas sobrepasan mi cabeza, son un peso superior a mis fuerzas.
6Supuran enconadas mis llagas, a causa de mi insensatez.
7Voy todo encorvado y encogido, todo el día camino sombrío.
8Porque tengo las espaldas ardiendo: no hay parte ilesa en mi carne.
9Estoy todo agotado y deshecho, me ruge bramando el corazón.
10Señor mío, en tu presencia están mis ansias, no se te ocultan mis gemidos.
11Se me agita el corazón, me faltan las fuerzas, y me falta hasta la luz de los ojos.
12Mis amigos y compañeros ante mi dolencia se detienen; mis prójimos se mantienen a distancia.
13Me tienden lazos los que atentan contra mi vida, los que buscan mi desgracia me difaman, todo el día rumorean calumnias.
14Pero yo me hago el sordo y no oigo, me hago el mudo y no abro la boca,
15soy como uno que no oye y no tiene qué replicar.
16En ti, Señor, espero y tú me escucharás, Señor Dios mío.
17Temía que se alegraran de mi caída, que al tropezar yo cantaran victoria.
18Pues yo estoy a punto de resbalar y tengo siempre presente mi pena.
19Mi culpa la confieso, me duele mi pecado.
20Mis enemigos mortales son poderosos, son muchos los que me aborrecen sin razón.
21Los que me pagan males por bienes me atacan cuando procuro el bien.
22No me abandones, Señor, Dios mío, no te quedes a distancia;
23ven aprisa a socorrerme, Señor mío, mi salvación.