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Salmos 103

Biblia del Peregrino (1993)

1De David. Bendice, alma mía, al Señor y todo mi interior, a su santo nombre.

2Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios.

3El perdona todas tus culpas, cura todas tus dolencias.

4El rescata tu vida de la fosa y te corona con su bondad y compasión.

5El te sacia de bienes en la adolescencia y tu juventud se renueva como la de un águila.

6El Señor hace justicia y defiende a los oprimidos.

7Enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los israelitas.

8El Señor es compasivo y clemente, paciente y misericordioso.

9No está siempre pleiteando ni guarda rencor perpetuo.

10No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.

11Pues como se eleva el cielo sobre la tierra, así vence su misericordia a sus fieles.

12Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos.

13Como un padre se enternece con sus hijos, así se enternece el Señor con sus fieles.

14Pues él conoce nuestra condición y se acuerda de que somos barro.

15El hombre dura lo que la hierba, florece como flor campestre,

16que el viento la roza, y ya no existe, su puesto no vuelve a verla.

17Pero la misericordia del Señor con sus fieles dura desde siempre hasta siempre; su justicia pasa de hijos a nietos,

18para los que guardan la alianza y recitan y cumplen sus mandatos.

19El Señor afirmó en el cielo su trono, su reinado gobierna el universo.

20Bendecid al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a cumplir su palabra.

21Bendecid al Señor, ejércitos suyos, servidores que cumplís su voluntad.

22Bendecid al Señor, todas sus obras, en todo lugar de su imperio. Bendice, alma mía, al Señor.

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