Salmos 102
Biblia del Peregrino (1993) ›1Oración de un afligido que se encuentra fatal y presenta su queja al Señor.
2Señor, escucha mi súplica, que mi grito de socorro llegue a ti.
3No me escondas el rostro en mi aprieto. Préstame oído cuando te llamo, respóndeme pronto.
4Que mis días se desvanecen como humo y mis huesos queman como brasas.
5Mi corazón herido se agosta como hierba, pues me olvido de comer mi pan.
6Al son de mis quejidos se me pega la piel a los huesos.
7Estoy como lechuza en el páramo, estoy como búho entre ruinas.
8Estoy desvelado y me siento como pájaro sin pareja en el tejado.
9Todo el día me afrentan mis enemigos, furiosos contra mí me maldicen.
10En vez de pan como ceniza, mezclo mi bebida con llanto;
11por tu cólera y tu indignación, porque me alzaste en vilo y me arrojaste.
12Mis días son una sombra que se alarga y yo me voy secando como hierba.
13Tú, en cambio, Señor, reinas siempre, tu nombre pasa de una generación a otra.
14Tú te levantarás y te compadecerás de Sión, que es hora de piedad, ha llegado el plazo.
15Tus siervos aman sus piedras, les duele hasta su polvo.
16Los paganos respetarán tu nombre, Señor, todos los reyes del mundo, tu gloria.
17Cuando el Señor reconstruya Sión y aparezca en su gloria,
18y se vuelva a las súplicas de los indefensos y no desprecie su súplica,
19quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo recreado alabará al Señor:
20Que el Señor se ha asomado desde su excelso santuario desde el cielo se ha fijado en la tierra,
21para escuchar los lamentos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.
22Así se anunciará en Sión la fama del Señor y su alabanza en Jerusalén,
23cuando se reúnan unánimes los pueblos y los reinos para servir al Señor.
24El agotó mis fuerzas por el camino y acortó mis días.
25Yo dije: Dios mío, no me arrebates a la mitad de mis días, tus años se miden por generaciones.
26Al principio cimentaste la tierra, el cielo es obra de tus manos:
27ellos perecerán, tú permaneces, se gastarán como la ropa, serán como vestido que se muda.
28Tú en cambio eres aquel cuyos años no se acaban.
29Los hijos de tus siervos y su linaje habitarán establemente en tu presencia.