Sabiduría 19
Biblia del Peregrino (1993) ›1Pero a los impíos los acosó hasta el fin una ira despiadada, porque Dios ya sabía lo que iban a hacer:
2que los dejarían marchar y los urgirían para que se fueran, pero luego, cambiando de parecer, los perseguirían.
3En efecto, antes de terminar los funerales, llorando junto a las tumbas de los muertos, tramaron otro plan insensato, y a los que habían expulsado con súplicas, los perseguían como fugitivos.
4Hasta este extremo los arrastró su merecido sino y los hizo olvidarse del pasado, para que remataran con sus torturas el castigo pendiente
5y, mientras tu pueblo realizaba un viaje sorprendente, toparan ellos con una muerte insólita.
6Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes, cambió radicalmente de naturaleza para guardar incólumes a tus hijos.
7Se vio la nube dando sombra al campamento, la tierra firme emergiendo donde antes había agua, el Mar Rojo convertido en camino despejado y el violento oleaje hecho una vega verde;
8por allí pasaron, en formación compacta, los que iban protegidos por tu mano, presenciando prodigios asombrosos.
9Retozaban como potros y triscaban como corderos, alabándote a ti, Señor, su libertador.
10Aún tenían en la memoria todo lo del destierro: cómo la tierra, y no los animales, produjo mosquitos; cómo, en vez de especies acuáticas, el río vomitó cantidad de ranas.
11Más tarde vieron también un nuevo modo de nacer los pájaros, cuando, acuciados por el apetito, pidieron deliciosos manjares;
12pues, para satisfacerlos, salieron codornices del mar.
13Y a los pecadores les sobrevinieron los castigos, no sin el previo aviso de retumbantes truenos; justamente sufrían por sus propios delitos, por haber odiado cruelmente a los extranjeros.
14Sí, hubo quien negó hospitalidad a unos visitantes desconocidos; pero éstos esclavizaron a unos emigrantes que les hacían buenos oficios.
15Más aún: ¿qué castigo no les tocará a aquéllos por haber recibido hostilmente a los extranjeros?;
16pero éstos, después de agasajarlos a su llegada, cuando tenían ya los mismos derechos, los maltrataron con trabajos inhumanos.
17Y también los hirió la ceguera, como a los que, a la puerta del justo, envueltos en una densa oscuridad, tanteaban la entrada de su puerta.
18Los elementos de la naturaleza se intercambiaban sus propiedades, lo mismo que en un arpa las cuerdas cambian el carácter de la música, siguiendo igual el tono, como puede colegirse exactamente a la vista de lo que pasó:
19pues los seres terrestres se volvían acuáticos, y los que nadan, se paseaban por la tierra;
20el fuego acrecentaba su propia fuerza en el agua, y el agua olvidaba su condición de extintor;
21las llamas, por el contrario, de los endebles animales que por allí merodeaban no abrasaban las carnes ni derretían aquella especie de manjar divino, cristalino y soluble.
22Porque en todo, Señor, enalteciste y glorificaste a tu pueblo, y nunca y en ningún lugar dejaste de asistirlo y socorrerlo.