Sabiduría 18
Biblia del Peregrino (1993) ›1Pero tus santos tenían una luz magnífica; los otros, que oían sus voces sin ver su figura, los felicitaban por no haber padecido como ellos;
2les daban las gracias porque no se desquitaban de los malos tratos recibidos y les pedían por favor que se marcharan.
3Entonces les proporcionaste una columna de fuego que los guiara en el viaje desconocido y un sol inofensivo, para sus andanzas gloriosas.
4Los otros merecían quedarse sin luz, prisioneros de las tinieblas, por haber tenido recluidos a tus hijos, que iban a transmitir al mundo la luz incorruptible de tu ley.
5Cuando decidieron matar a los niños de los santos y se salvó uno sólo, expósito , en castigo les arrebataste sus hijos en masa, y los eliminaste a todos juntos en las aguas enfurecidas.
6Aquella noche se les anunció de antemano a nuestros padres para que tuvieran ánimo, al saber con certeza la promesa de que se fiaban.
7Tu pueblo esperaba ya la salvación de los justos y la perdición de los enemigos,
8pues con una misma acción castigabas a los adversarios y nos honrabas llamándonos a ti.
9Los piadosos, herederos de las bendiciones, ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes, y empezaron a entonar los himnos tradicionales.
10Hacían eco los gritos destemplados de los enemigos, y cundía el clamor quejumbroso del duelo por sus hijos;
11idéntico castigo sufrían el esclavo y el amo, el plebeyo y el rey padecían lo mismo;
12todos sin distinción tenían muertos innumerables, víctimas de la misma muerte; los vivos no daban abasto para enterrarlos, porque en un momento pereció lo mejor de su raza.
13Aunque la magia los había hecho desconfiar de todo, ante la muerte de sus primogénitos confesaron que el pueblo aquel era hijo de Dios.
14Un silencio sereno lo envolvía todo, y al mediar la noche su carrera,
15tu palabra todopoderosa se abalanzó desde el trono real de los cielos, como un paladín inexorable, al país condenado; llevaba la espada afilada de tu orden terminante;
16se detuvo y lo llenó todo de muerte; pisaba la tierra y tocaba el cielo.
17Entonces, de repente, los sobresaltaron terribles pesadillas, los asaltaron temores imprevistos;
18tirados, medio muertos, cada uno por su lado, manifestaban la causa de su muerte;
19pues sus sueños turbulentos los habían prevenido, para que no perecieran sin conocer el motivo de su desgracia.
20También a los justos les alcanzó la prueba de la muerte y en el desierto tuvo lugar una gran matanza, pero no duró mucho la ira;
21porque un varón intachable se lanzó en su defensa, manejando las armas de su ministerio: la oración y el incienso expiatorio; hizo frente a la cólera y puso fin a la catástrofe, demostrando ser ministro tuyo;
22venció la indignación no a fuerza de músculos ni esgrimiendo las armas, sino que rindió al verdugo con la palabra, recordándole los pactos y promesas hechos a los padres.
23Cuando se hacinaban los cadáveres, unos encima de otros, se plantó en medio y atajó el golpe, cortándole el paso hacia los que aún vivían.
24Pues en su ropa talar estaba el mundo entero, y los nombres ilustres de los patriarcas en la cuádruple hilera de piedras talladas, y tu majestad en la diadema de su cabeza.
25Ante esto, el exterminador retrocedió atemorizado; una sola prueba de tu ira bastaba.