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Marcos 12

Biblia del Peregrino (1993)

1Se puso a hablarles con parábolas: Un hombre plantó una viña, la rodeó con una tapia, cavó un lagar y construyó una torre; se la arrendó a unos viñadores y se marchó.

2Cuando llegó la vendimia, envió un criado a los viñadores para cobrar su parte del fruto de la viña.

3Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías.

4Les envió un segundo criado; y ellos lo maltrataron y lo injuriaron.

5Envió un tercero, y lo mataron; y a otros muchos: a unos los apalearon, a otros los mataron.

6Le quedaba uno, su hijo querido, y lo envió en último término, pensando que respetarían a su hijo.

7Pero los viñadores se dijeron: Es el heredero. Lo matamos y la herencia será nuestra.

8Así que lo mataron y lo echaron fuera de la viña.

9Pues bien, ¿qué hará el dueño de la viña? Irá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros.

10¿No habéis leído aquel texto de la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular;

11es el Señor quien lo ha hecho; y nos parece un milagro?

12Intentaron arrestarlo, porque comprendieron que la parábola era para ellos. Pero, como tenían miedo a la gente, lo dejaron y se fueron.

13Después le enviaron unos fariseos y herodianos para ponerle una trampa con las palabras.

14Se acercaron y le dijeron: Maestro, nos consta que eres sincero e imparcial porque no juzgas según la apariencia de la gente, sino que enseñas con verdad el camino de Dios. ¿Es lícito pagar tributo al césar o no? ¿Lo pagamos o no?

15Dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme una moneda, que la vea.

16Se la llevaron y les preguntó: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le contestaron: Del césar.

17Y Jesús replicó: Pues dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios. Y quedaron sorprendidos de su respuesta.

18Se acercaron unos saduceos, quienes niegan la resurrección, y le dijeron:

19Maestro, Moisés nos dejó escrito que cuando uno muera y deja a su mujer sin hijos, su hermano debería casarse con la mujer para así dar descendencia a su hermano difunto.

20Eran siete hermanos: el primero se casó y murió sin descendencia;

21el segundo tomó a la viuda y murió sin descendencia; lo mismo el tercero.

22Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos murió la mujer.

23En la resurrección, [cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será la mujer? Pues los siete estuvieron casados con ella.

24Jesús les respondió: Andáis descaminados, porque no entendéis las Escrituras ni el poder de Dios.

25Cuando resuciten de la muerte, los hombres y las mujeres no se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo.

26Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés el episodio de la zarza? Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.

27No es un Dios de muertos, sino de vivos. Andáis muy descaminados.

28Un letrado que escuchó la discusión y al ver lo acertado de la respuesta, se acercó y le preguntó: ¿Cuál es el precepto más importante?

29Jesús respondió: El más importante es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es uno solo.

30Amarás al Señor, tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas.

31El segundo es: Amarás al prójimo como a ti mismo. No hay precepto mayor que éstos.

32El letrado le respondió: Muy bien, maestro; es verdad lo que dices: el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él.

33Que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

34Al ver Jesús que había respondido acertadamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y nadie se atrevió a dirigirle más preguntas.

35Cuando enseñaba en el templo, Jesús tomó la palabra y dijo: ¿Por qué dicen los letrados que el Mesías es Hijo de David?

36Si el mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, dijo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que haga de tus enemigos estrado de tus pies.

37David mismo lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo? La multitud escuchaba a Jesús con gusto.

38Y él, instruyéndolos, dijo: Guardaos de los letrados. Les gusta pasear con largas túnicas, que los saluden por la calle,

39buscan los primeros asientos en las sinagogas y los mejores puestos en los banquetes.

40Con pretexto de largas oraciones, devoran los bienes de las viudas. Ellos recibirán una sentencia más severa.

41Sentado frente al cepillo del templo, observaba cómo la gente echaba monedillas en el cepillo. Muchos ricos daban en abundancia.

42Llegó una viuda pobre y echó unas monedillas de muy poco valor.

43Jesús llamó a los discípulos y les dijo: Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que todos los demás.

44Pues todos han dado de lo que les sobra; pero ésta, en su indigencia, ha dado cuanto tenía para vivir.

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