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Lucas 12

Biblia del Peregrino (1993)

1Entre tanto, miles de personas se agolpaban pisándose unos a otros. Él se dirigió primero a los discípulos: Guardaos de la levadura o sea, de la hipocresía de los fariseos.

2Nada hay encubierto que no se descubra, nada oculto que no se divulgue.

3Pues lo que digáis de noche se escuchará en pleno día; lo que digáis al oído en la bodega se proclamará desde las azoteas.

4A vosotros mis amigos os digo que no temáis a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más.

5Os indicaré a quién debéis temer: temed al que después de matar tiene poder para arrojar al fuego. Sí, os repito, temed a ése.

6¿No se venden cinco gorriones por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos.

7En cuanto a vosotros hasta los pelos de vuestra cabeza están todos contados. No tengáis miedo, que valéis más que muchos gorriones.

8Os aseguro que a quien me reconozca abiertamente ante la gente, este Hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.

9Pero a quien me niegue ante la gente, lo negará ante los ángeles de Dios.

10Al que diga una palabra contra este Hombre se le perdonará; al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.

11Cuando os conduzcan a las sinagogas, ante los jefes o autoridades, no os preocupéis de cómo os defenderéis o qué diréis;

12el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que hay que decir.

13Uno de la gente dijo: Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.

14Jesús le respondió: Amigo, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?

15Y les dijo: ¡Atención! ¡Guardaos de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes!

16Y les propuso una parábola: Las tierras de un hombre dieron una gran cosecha.

17Él se dijo: ¿qué haré, que no tengo dónde guardar toda la cosecha?

18Y dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes.

19Después me diré: Querido, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come, bebe y disfruta.

20Pero Dios le dijo: ¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado, ¿para quién será?

21Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios.

22A [sus discípulos les dijo: Por eso os digo que no andéis angustiados por la comida para conservar la vida o por el vestido para cubrir el cuerpo.

23La vida vale más que la comida y el cuerpo más que el vestido.

24Observad a los cuervos: no siembran ni cosechan, no tienen graneros ni despensas, y Dios los alimenta. Cuánto más valéis vosotros que las aves.

25¿Quién de vosotros puede, a fuerza de cavilar, prolongar su vida un poco?

26Pues si no podéis lo mínimo, ¿por qué os preocupáis de lo demás?

27Observad cómo crecen los lirios, sin trabajar ni hilar. Os aseguro que ni Salomón, con todo su fasto, se vistió como uno de ellos.

28Pues si a la hierba del campo, que hoy crece y mañana la echan al horno, Dios la viste así, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!

29No andéis buscando qué comer o qué beber; no os angustiéis.

30Todo eso son cosas que busca la gente del mundo. En cuanto a vosotros, vuestro Padre sabe que os hace falta.

31Basta que busquéis su reinado y lo demás os lo darán por añadidura.

32No temas, pequeño rebaño, que vuestro Padre ha decidido daros el reino.

33Vended vuestros bienes y dad limosna. Procuraos bolsas que no envejezcan, un tesoro inagotable en el cielo, donde los ladrones no llegan ni los roe la polilla.

34Pues donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.

35Tened la cintura ceñida y encendidos los candiles.

36Sed como aquellos que aguardan a que el amo vuelva de una boda, para abrirle en cuanto llegue y llame.

37Dichosos los criados a quienes el amo, al llegar, los encuentre velando: os aseguro que se ceñirá, los hará sentarse a la mesa y les irá sirviendo.

38Y si llega a medianoche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.

39Sabéis que si el amo de casa supiera a qué hora iba a llegar el ladrón, no le dejaría abrir un boquete en su casa.

40Pues vosotros también estad preparados, pues cuando menos lo penséis, llegará este Hombre.

41Pedro le preguntó: Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?

42El Señor contestó: ¿Quién es el criado fiel y prudente a quien el amo pondrá al frente de la servidumbre, para que les reparta las raciones de comida a su tiempo?

43Dichoso aquel criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre actuando así.

44Os aseguro que le encomendará todas sus posesiones.

45Pero si aquel criado, pensando que su amo tarda en llegar, se pone a pegar a los siervos y siervas, a comer y beber y emborracharse,

46llegará el amo de aquel criado el día y la hora que menos lo espera y lo hará trizas, dándole el destino de los desleales.

47Aquel criado que, conociendo la voluntad de su amo, no dispone y ejecuta lo que quiere el amo, recibirá muchos golpes;

48pero aquel que no conociéndola, cometa acciones dignas de castigo, recibirá pocos golpes. A quien mucho se le dio mucho se le pedirá; a quien mucho se le confió mucho más se le exigirá.

49Vine a traer fuego a la tierra, y, ¡qué más quiero si ya ha prendido!

50Tengo que pasar por un bautismo, y, ¡cómo me apuro hasta que se realice!

51¿Pensáis que vine a traer paz a la tierra? No paz, os digo, sino la división.

52En adelante en una familia de cinco habrá división: tres contra dos, dos contra tres.

53Se opondrán padre a hijo e hijo a padre, madre a hija e hija a madre, suegra a nuera y nuera a suegra.

54A la multitud le dijo: Cuando veis levantarse una nube en poniente, decís enseguida que habrá lluvia, y así sucede.

55Cuando sopla el viento sur, decís que habrá bochorno, y así sucede.

56¡Hipócritas! Sabéis interpretar el aspecto de la tierra y el cielo, ¿y no sabéis interpretar la coyuntura presente?

57¿Por qué no juzgáis vosotros mismos lo que es justo?

58Cuando acudas con tu rival al juez, procura lograr un arreglo con él mientras vas de camino; no sea que te arrastre hasta el juez, el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel.

59Te digo que no saldrás de allí hasta haber pagado el último centavo.

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