Lucas 1
Biblia del Peregrino (1993) ›1Puesto que muchos emprendieron la tarea de relatar los sucesos que nos han acontecido,
2tal como nos lo transmitieron los primeros testigos presenciales y servidores de la Palabra,
3también yo he pensado, ilustre Teófilo, escribirte todo por orden y exactamente, comenzando desde el principio;
4así comprenderás con certeza las enseñanzas que has recibido.
5En tiempo de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías; su mujer era descendiente de Aarón y se llamaba Isabel.
6Los dos eran rectos a juicio de Dios y procedían sin falta, de acuerdo con los mandatos y preceptos del Señor.
7No tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos de edad avanzada.
8Una vez que, con los de su grupo, oficiaba ante Dios,
9según el ritual sacerdotal, le tocó entrar en el santuario para ofrecer incienso.
10Mientras todo el pueblo quedaba fuera orando durante la ofrenda del incienso,
11se le apareció un ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso.
12Al verlo, Zacarías se asustó y quedó desconcertado.
13El ángel le dijo: No temas, Zacarías, que tu petición ha sido escuchada, y tu mujer Isabel te dará un hijo, a quien llamarás Juan.
14Te llenará de gozo y alegría y muchos se alegrarán de su nacimiento.
15Será grande a juicio del Señor; no beberá vino ni licor. Estará lleno de Espíritu Santo desde el vientre materno
16y convertirá a muchos israelitas al Señor su Dios.
17Irá por delante, con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con los hijos, a los rebeldes con el sentir de los honrados; así preparará para el Señor un pueblo bien dispuesto.
18Zacarías respondió al ángel: ¿Qué garantía me das de eso? Pues yo soy anciano y mi mujer de edad avanzada.
19Le replicó el ángel: Yo soy Gabriel, que sirvo a Dios en su presencia: me ha enviado a hablarte, a darte esta Buena Noticia.
20Pero mira, quedarás mudo y sin poder hablar hasta que eso se cumpla, por no haber creído mis palabras que se cumplirán a su debido tiempo.
21El pueblo aguardaba a Zacarías y se extrañaba de que se demorase en el santuario.
22Cuando salió, no podía hablar, y ellos adivinaron que había tenido una visión en el santuario. Él les hacía señas y seguía mudo.
23Cuando terminó el tiempo de su servicio, volvió a casa.
24Algún tiempo después concibió Isabel su mujer, y se quedó escondida cinco meses, en ese tiempo pensaba:
25Así me ha tratado el Señor cuando dispuso remover mi humillación pública.
26El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,
27a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María.
28Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: Alégrate, favorecida, el Señor está contigo.
29Al oírlo, ella se turbó y discurría qué clase de saludo era aquél.
30El ángel le dijo: No temas, María, que gozas del favor de Dios.
31Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús.
32Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
33para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reinado no tenga fin.
34María respondió al ángel: ¿Cómo sucederá eso si no convivo con un varón?
35El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te hará sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios.
36Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses.
37Pues nada es imposible para Dios.
38Respondió María: Aquí tienes a la esclava del Señor: que se cumpla en mí tu palabra. El ángel la dejó y se fue.
39Entonces María se levantó y se dirigió apresuradamente a la serranía, a un pueblo de Judea.
40Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
41Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre; Isabel, llena de Espíritu Santo,
42exclamó con voz fuerte: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
43¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?
44Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura dio un salto de gozo en mi vientre.
45¡Dichosa tú que creíste! Porque se cumplirá lo que el Señor te anunció.
46María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor,
47mi espíritu festeja a Dios mi salvador,
48porque se ha fijado en la humildad de su esclava y en adelante me felicitarán todas las generaciones.
49Porque el Poderoso ha hecho proezas, su nombre es sagrado.
50Su misericordia con sus fieles continúa de generación en generación.
51Su poder se ejerce con su brazo, desbarata a los soberbios en sus planes,
52derriba del trono a los potentados y ensalza a los humildes,
53colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos.
54Socorre a Israel, su siervo, recordando la lealtad,
55prometida a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y su linaje por siempre.
56María se quedó con ella tres meses y después se volvió a casa.
57Cuando a Isabel se le cumplió el tiempo del parto, dio a luz un hijo.
58Los vecinos y parientes, al enterarse de que el Señor la había tratado con tanta misericordia, se congratulaban con ella.
59Al octavo día fueron a circuncidarlo y lo llamaban como a su padre, Zacarías.
60Pero la madre intervino: No; se tiene que llamar Juan.
61Le decían que nadie en la parentela llevaba ese nombre.
62Preguntaron por señas al padre qué nombre quería darle.
63Pidió una tablilla y escribió: Su nombre es Juan. Todos se asombraron.
64Al punto se le soltó la boca y la lengua y se puso a hablar bendiciendo a Dios.
65Toda la vecindad quedó sobrecogida; lo sucedido se contó por toda la serranía de Judea
66y los que lo oían reflexionaban diciéndose: ¿Qué va a ser este niño? Porque la mano del Señor lo acompañaba.
67Su padre Zacarías, lleno de Espíritu Santo, profetizó:
68Bendito el Señor, Dios de Israel, porque se ha ocupado de rescatar a su pueblo.
69Nos ha suscitado una eminencia salvadora en la Casa de David, su siervo,
70como había prometido desde antiguo por boca de sus santos profetas:
71salvación de nuestros enemigos, del poder de cuantos nos odian,
72tratando con lealtad a nuestros padres y recordando su alianza sagrada,
73lo que juró a nuestro padre Abrahán, que nos concedería,
74ya liberados del poder enemigo, servirle sin temor en su presencia,
75con santidad y justicia toda la vida.
76Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque caminarás delante del Señor, preparándole el camino;
77anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de los pecados.
78Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará desde lo alto un amanecer
79que ilumina a los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte, que endereza nuestros pasos por un camino de paz.
80El niño crecía, se fortalecía espiritualmente y vivió en el desierto hasta el día en que se presentó a Israel.