Judit 16
Biblia del Peregrino (1993) ›1Cantad a mi Dios con panderos, celebrad al Señor con platillos; con un cántico nuevo invocad y ensalzad su Nombre.
2El Señor es un Dios que pone fin a la guerra; desde su campamento en medio del pueblo me libró de las manos de mis perseguidores.
3De las montañas del norte llegó Asur con miles de soldados. Su muchedumbre obstruyó los torrentes, su caballería cubrió los valles.
4Amenazó incendiar mi territorio, matar a espada a mis muchachos, estrellar a mis pequeñuelos, entregar mis niños al pillaje y mis doncellas para ser raptadas.
5¡El Señor omnipotente los frustró por mano de una mujer!
6No cayó su jefe ante soldados, ni lo hirieron hijos de titanes, ni gigantes corpulentos lo vencieron, sino Judit, hija de Merarí, lo paralizó con la belleza de su rostro:
7se quitó su vestido de luto para levantar a los afligidos de Israel, se ungió el rostro con perfumes,
8sujetó sus cabellos con una diadema y se vistió de lino para seducirlo.
9Su sandalia cautivó sus ojos, su hermosura esclavizó su alma, la espada le cortó el cuello.
10Los persas se asustaron de su audacia, los medos temblaron de su osadía.
11Entonces mis humildes lanzaron su alarido, y los atemorizaron; gritaron mis débiles, y los aterrorizaron; levantaron la voz, y ellos retrocedieron.
12Hijos de esclavas los atravesaron, los hirieron como a hijos de prófugos; perecieron en el combate de mi Señor.
13Cantaré a mi Dios un cántico nuevo: Señor, tú eres grande y glorioso, admirable en tu fuerza, invencible.
14Que te sirva toda la creación, porque lo mandaste y existió, enviaste tu aliento y la construiste, nada puede resistir a tu voz.
15Sacudirán las olas los cimientos de los montes, las peñas en tu presencia se derretirán como cera, pero tú serás propicio a tus fieles.
16Porque poco valen los sacrificios de aroma agradable y nada la grasa de los holocaustos, pero el que teme al Señor será siempre grande.
17¡Ay de los pueblos que atacan a mi raza! El Señor omnipotente se vengará de ellos el día del juicio; meterá en su carne fuego y gusanos y llorarán de dolor eternamente.
18Al llegar a Jerusalén adoraron a Dios, y cuando todos terminaron de purificarse, ofrecieron holocaustos, sacrificios voluntarios y ofrendas votivas.
19Judit consagró al Señor todo el ajuar de la tienda de Holofernes, regalo del pueblo, y el cortinado que ella había quitado de la tienda.
20Durante tres meses toda la gente estuvo en fiestas ante el templo de Jerusalén, y Judit se quedó con ellos.
21Pasado ese tiempo, cada cual emprendió la marcha hacia su heredad. Judit volvió a Betulia y siguió administrando su casa. Fue muy célebre en su tiempo por todo el país.
22Tuvo muchos pretendientes, pero no volvió a casarse desde que su marido, Manasés, murió y fue a reunirse con los suyos.
23La fama de Judit fue en aumento. Vivió en casa de su marido hasta la edad de ciento cinco años. Dejó libre a su ama de llaves. Murió en Betulia, la enterraron en la sepultura de su marido, Manasés,
24y los israelitas hicieron duelo siete días. Antes de morir, Judit repartió sus bienes entre los parientes de su marido, Manasés, y entre sus propios parientes.
25En su tiempo, y después, durante muchos años, nadie volvió a molestar a los israelitas.