Juan 5
Biblia del Peregrino (1993) ›1Pasado algún tiempo, celebraban los judíos una fiesta, y Jesús subió a Jerusalén.
2Hay en Jerusalén, junto a la puerta de los Rebaños, una piscina llamada en hebreo Betesda, con cinco soportales.
3Yacía en ellos una multitud de enfermos, ciegos, cojos y lisiados, que aguardaban a que se removiese el agua.
4[[Periódicamente bajaba el ángel del Señor a la piscina y agitaba el agua, y el primero que se metía apenas agitada el agua, se sanaba de cualquier enfermedad que padeciese.
5Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
6Jesús lo vio acostado y, sabiendo que llevaba así mucho tiempo, le dice: ¿Quieres sanarte?
7Le contestó el enfermo: Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando yo voy, otro se ha metido antes.
8Le dice Jesús: Levántate, toma tu camilla y camina.
9Al punto se sanó aquel hombre, tomó su camilla y echó a andar. Pero aquel día era sábado;
10por lo cual los judíos dijeron al que se había sanado: Hoy es sábado, no puedes transportar tu camilla.
11Les contestó: El que me sanó me dijo que tomara mi camilla y caminara.
12Le preguntaron: ¿Quién te dijo que tomaras tu camilla y caminaras?
13El hombre sanado no sabía quién era, porque Jesús se había retirado de aquel lugar tan concurrido.
14Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: Mira que te has sanado. No vuelvas a pecar, no te vaya a suceder algo peor.
15El hombre fue y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
16Por ese motivo perseguían los judíos a Jesús, por hacer tales cosas en sábado.
17Pero [Jesús les dijo: Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo.
18Por eso los judíos con más ganas intentaban darle muerte, pues no sólo violaba el sábado, sino que además llamaba a Dios Padre suyo, igualándose a Dios.
19Jesús tomó la palabra y les dijo: Os lo aseguro: El Hijo no hace nada por su cuenta si no se lo ve hacer al Padre. Lo que aquél hace lo hace igualmente el Hijo.
20Porque el Padre ama al Hijo y le enseña todo lo que hace; y le enseñará acciones más grandes para que os maravilléis vosotros.
21Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así el Hijo da vida a los que él quiere.
22El Padre no juzga a nadie sino que encomienda al Hijo la tarea de juzgar,
23para que todos honren al Hijo como honran al Padre. Quien no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió.
24Os aseguro que quien oye mi palabra y cree en aquel que me envió tiene vida eterna y no es sometido a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
25Os aseguro que llega la hora, ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán.
26Pues como el Padre posee vida en sí, así hace que el Hijo posea vida en sí;
27y, puesto que es el Hijo del Hombre, le ha confiado el poder de juzgar.
28No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que están en el sepulcro oirán su voz:
29los que obraron bien resucitarán para vivir, los que obraron mal resucitarán para ser juzgados.
30Yo no puedo hacer nada por mi cuenta; juzgo por lo que oigo, y mi sentencia es justa, porque no pretendo hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
31Si yo diera testimonio en mi favor, mi testimonio no sería válido.
32Otro atestigua a mi favor, y yo sé que su testimonio a mi favor es fidedigno.
33Vosotros enviasteis una delegación a Juan y él dio testimonio de la verdad.
34Y, aunque yo no me apoyo en testimonio humano, digo esto para vuestra salvación.
35Él era una lámpara que ardía y alumbraba, y vosotros quisisteis disfrutar un rato de su luz.
36Yo tengo un testimonio más valioso que el de Juan: las obras que mi Padre me encargó hacer y que yo hago atestiguan de mí que el Padre me ha enviado.
37También el Padre que me envió da testimonio de mí. Su voz nunca la habéis oído, su figura no la habéis visto,
38y su palabra no la conserváis en vosotros, porque al que él envió no le creéis.
39Estudiáis la Escritura pensando que encierra vida eterna, pues ella da testimonio de mí;
40pero vosotros no queréis acudir a mí para tener vida.
41Yo no recibo honores de los hombres;
42pero de vosotros me consta que no poseéis el amor de Dios.
43Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniera en nombre propio, lo recibiríais.
44¿Cómo podéis creer si, recibiendo honores mutuos, no buscáis el honor que sólo viene de Dios?
45No penséis que seré yo quien os acuse ante el Padre; os acusará Moisés, en quien confiáis.
46Porque si creyerais a Moisés, me creeríais también a mí, pues él escribió acerca de mí.
47Y si no creéis lo que él escribió, ¿cómo vais a creer mis palabras?