Job 37
Biblia del Peregrino (1993) ›1Al ver eso tiembla mi corazón y se me salta de su sitio.
2¡Atención!, oíd el trueno de su voz y el retumbar que sale de su boca;
3suelta bajo el cielo su rayo, que alcanza hasta el extremo del orbe;
4tras él ruge su voz, atruena con voz majestuosa y ya no los detiene una vez que se escucha su voz.
5Dios atruena con voz maravillosa y realiza proezas que no comprendemos.
6Ordena a la nieve: Cae al suelo, y al aguacero: Apresúrate.
7Encierra a todo hombre para que el mortal reconozca que es obra suya.
8Las fieras se meten en sus madrigueras y se quedan en sus guaridas.
9De las cámaras del sur viene la tormenta, de los vientos del norte la helada;
10al soplo de Dios se forma el hielo y se cuaja la superficie del agua.
11Él carga de humedad los nublados y dispersa las nubes de tormenta,
12que giran y se revuelven, timoneadas por él, para cumplir todos sus encargos sobre la superficie del orbe;
13y hace que acierten, como azote, si no obedecen o como favor.
14Escúchame esto, Job, detente y fíjate en las maravillas de Dios:
15¿Sabes cómo dirige Dios las nubes y hace fulgurar su nube de relámpagos?
16¿Sabes cómo equilibra las nubes, maravillas de sabiduría consumada?
17Tú, que te abrasas en tu ropa cuando la tierra se aletarga bajo el solano,
18¿puedes tender con él el firmamento, duro como espejo de metal fundido?
19Enséñanos qué debemos decirle, porque a oscuras no podemos argüir.
20¿Hay que advertirle de qué quiero hablar?, si uno dice algo, ¿hay que informarle?
21Ahora no se ve la luz, oscurecida entre nubes; pero un viento pasará limpiándolas.
22Del norte vienen resplandores de oro, Dios se rodea de majestad terrible;
23no podemos alcanzar al Todopoderoso: sublime en poder, rico en justicia, no viola el derecho.
24Por eso lo temen todos los hombres y él no teme a los sabios.