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Job 36

Biblia del Peregrino (1993)

1Elihú siguió hablando:

2Espera un poco y te enseñaré, que aún queda algo por decir en defensa de Dios.

3Iré lejos a buscar mi saber para darle la razón a mi Hacedor;

4cierto, mis argumentos no son falsos, habla contigo un sabio consumado.

5Mira, Dios es poderoso y no desprecia el corazón sincero,

6no deja con vida al malvado, hace justicia al pobre,

7no aparta sus ojos del justo, lo sienta en tronos reales y lo exalta para siempre.

8Y cuando los ata con cadenas o los sujeta con cuerdas de aflicción,

9es para denunciarles sus acciones y los pecados de su soberbia;

10les abre el oído para que aprendan y los exhorta a convertirse de la maldad.

11Si hacen caso y se someten, acabarán sus días en la prosperidad y sus años en el bienestar.

12Si no escuchan, pasarán la frontera de la Muerte, expirarán sin darse cuenta.

13Pues los malvados, cuando los encadena, en vez de pedir auxilio, acumulan rencor;

14pierden la vida en plena juventud, y mueren a la edad de los efebos.

15Con la aflicción él salva al afligido, abriéndole el oído con el sufrimiento.

16También a ti te impulsa a salir de las garras de la angustia a un lugar espacioso y abierto para servirte una mesa sustanciosa,

17pero no defiendas la causa del malvado, mantén mi derecho;

18no te dejes seducir por la largueza ni torcer por un rico soborno.

19¿Acaso en el peligro valdrán ante él tus riquezas y todas tus posesiones?

20De noche no estés anhelando echar a la gente de su sitio;

21no te vuelvas a la maldad, pues por ella te probaron con la aflicción.

22Mira, Dios es sublime en poder, ¿qué maestro se le puede comparar?

23¿Quién le señala el camino, quién puede acusarlo de injusticia?

24Acuérdate de celebrar sus obras, que han cantado los hombres;

25todos las contemplan, los humanos las miran desde lejos.

26Mira, Dios es sublime, no lo entendemos y no podemos contar sus años.

27Va apartando gotas de agua y las filtra de su fuente como lluvia;

28las nubes las destilan y caen a chaparrones sobre el suelo.

29¿Quién calcula la extensión de las nubes o la altura de su pabellón?

30En torno a sí despliega la luz y asienta su trono en las raíces del mar.

31Con ellas alimentan a los pueblos dándoles comida copiosa.

32Esconde el rayo en sus palmas y lo lanza certero a su blanco.

33El Altísimo hace oír su trueno y su ira provoca la tormenta.

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