Jeremías 4
Biblia del Peregrino (1993) ›1Si vuelves, Israel, vuelve a mí -oráculo del Señor-; si apartas de mí tus execraciones, no irás errante;
2si juras por el Señor con verdad, justicia y derecho, las naciones desearán tu dicha y tu fama.
3Así dice el Señor a los habitantes de Judá y Jerusalén: Roturad los campos y no sembréis cardos.
4Circuncidaos para el Señor; extirpad el prepucio de vuestros corazones, habitantes de Judá y Jerusalén, no sea que mi ira estalle como fuego y arda inextinguible, por vuestras malas acciones.
5Anunciadlo en Judá, pregonadlo en Jerusalén, tocad la trompeta en el país, gritad a pleno pulmón: congregaos para marchar a la ciudad fortificada;
6levantad la bandera hacia Sión; aprisa, no os paréis; que yo traigo del norte la desgracia, una gran calamidad:
7sube el león de la maleza, sale de su guarida, está en marcha un asesino de pueblos para arrasar tu país e incendiar tus ciudades dejándolas despobladas.
8Por eso vestíos de sayal, haced duelo y gemid, porque no cede el incendio de la ira del Señor.
9Aquel día -oráculo del Señor- se acobardarán el rey y los príncipes, se espantarán los sacerdotes, se turbarán los profetas.
10Yo dije: ¡Ay Señor mío! Realmente has engañado a este pueblo y a Jerusalén, prometiéndole paz, cuando tenemos la espada al cuello.
11En aquel tiempo dirán a este pueblo y a Jerusalén: Un viento abrasador sopla de las dunas avanza por el desierto hacia la capital de mi pueblo. No es viento de aventar ni de cribar,
12sino viento huracanado a mis órdenes: ahora me toca a mí pronunciar sentencia contra ellos.
13Miradle avanzar como una nube, sus carrozas como un huracán, sus caballos más rápidos que águilas: ¡Ay de nosotros! Estamos perdidos.
14Jerusalén, lava tu corazón de maldades para salvarte, ¿hasta cuándo anidarán en tu pecho planes criminales?
15Escucha al mensajero de Dan, al que anuncia desgracias desde la sierra de Efraín:
16Decídselo a las naciones, anunciadlo en Jerusalén: de tierra lejana llega el enemigo lanzando gritos contra los poblados de Judá;
17como guardas de campo te cercan, porque te rebelaste contra mí -oráculo del Señor-.
18Tu conducta y tus acciones te lo han traído, ése es tu castigo, el dolor que te hiere el corazón.
19¡Ay mis entrañas, mis entrañas! Me tiemblan las paredes del pecho, tengo el corazón turbado y no puedo callar, pues yo mismo escucho el toque de trompeta, el alarido de guerra;
20un golpe llama a otro golpe, el país está deshecho; de repente destrozan las tiendas y en un momento los pabellones.
21¿Hasta cuándo veré la bandera y escucharé la trompeta a rebato?
22Mi pueblo es insensato, no me reconoce, son hijos necios que no recapacitan: son diestros para el mal, ignorantes para el bien.
23Miro a la tierra: ¡caos informe!; al cielo: está sin luz;
24miro a los montes: tiemblan; a las colinas: danzan;
25miro: no hay hombres, las aves del cielo han volado;
26miro: el vergel es un páramo, los poblados están arrasados, por el incendio de la ira del Señor.
27Así dice el Señor: El país quedará desolado, pero no lo aniquilaré;
28la tierra guardará luto, el cielo arriba se ennegrecerá; lo dije y no me arrepiento, lo pensé y no me vuelvo atrás.
29Al oír a los jinetes y arqueros, huyen los vecinos, se esconden en la maleza, trepan a los riscos, y la ciudad queda abandonada, sin un habitante.
30Y tú, ¿qué haces que te vistes de púrpura, te enjoyas de oro, te alargas los ojos con sombra? En vano te embelleces, tus amantes te rechazan, sólo buscan tu vida.
31Oigo un grito como de parturienta, sollozos como en el primer parto: es el grito angustiado de Sión, que extiende los brazos: ¡Ay de mí, que desfallezco, que me quitan la vida!