Isaías 9
Biblia del Peregrino (1993) ›1El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa, los que habitaban un país de sombras se inundaron de luz.
2Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: gozan en tu presencia, como se goza en la siega, como se alegran los que se reparten el botín.
3Porque la vara del opresor, el yugo de sus cargas, su bastón de mando los trituraste como el día de Madián.
4Porque la bota que pisa con estrépito y la capa empapada en sangre serán combustible, pasto del fuego.
5Porque un niño nos ha nacido, nos han traído un hijo: lleva el cetro del principado y se llama Consejero maravilloso, Guerrero divino, Jefe perpetuo, Príncipe de la paz.
6Su glorioso principado y la paz no tendrán fin, en el trono de David y en su reino; se mantendrá y consolidará con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre. El celo del Señor Todopoderoso lo realizará.
7El Señor ha lanzado una amenaza contra Jacob, ha alcanzado a Israel;
8la entenderá el pueblo entero, Efraín y los jefes de Samaría, que van diciendo con soberbia y presunción:
9¿Se cayeron los ladrillos?, reconstruiremos con sillares; ¿se derrumbó el maderamen de sicómoro?, lo reemplazaremos con cedro.
10El Señor incitará contra ellos al enemigo y provocará a sus adversarios:
11por delante Damasco, por la espalda los filisteos devorarán a Israel a boca llena. Y, con todo, no se aplaca su ira, sigue extendida su mano.
12Pero el pueblo no se ha vuelto al que lo hería, no ha buscado al Señor Todopoderoso.
13El Señor cortará a Israel cabeza y cola, palma y junco en un solo día.
14El anciano honorable es la cabeza, el profeta embaucador es la cola.
15Los que guían a ese pueblo lo extravían, los que se dejan guiar son aniquilados.
16Por eso el Señor no perdona a los jóvenes, no se compadece de huérfanos y viudas; porque todos son impíos y malvados y toda boca profiere infamias. Y, con todo, no se aplaca su ira, sigue extendida su mano.
17Sí, la maldad está ardiendo como fuego que consume zarzas y cardos, prende en la espesura del bosque, y se enrosca la altura del humo.
18Con la ira del Señor arde el país, y el pueblo es pasto del fuego: y ninguno perdona a su hermano;
19destroza a diestra, y sigue con hambre, devora a siniestra, y no se sacia. Uno devora la carne de su prójimo.
20Manasés contra Efraín, Efraín contra Manasés, juntos los dos contra Judá.
21Y, con todo, no se aplaca su ira, sigue extendida su mano.