Hechos 19
Biblia del Peregrino (1993) ›1Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo viajaba por el interior hasta llegar a Éfeso. Allí encontró unos discípulos
2y les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo después de abrazar la fe. Le respondieron: Ni sabíamos que había Espíritu Santo.
3Les preguntó: Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido? Contestaron: El bautismo de Juan.
4Pablo replicó: Juan predicó un bautismo de arrepentimiento, encargando al pueblo que creyera en el que venía detrás de él, o sea, en Jesús.
5Al oírlo, se bautizaron invocando el nombre del Señor Jesús.
6Pablo les impuso las manos y vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en distintas lenguas y a profetizar.
7Eran doce varones.
8Después entró en la sinagoga, y durante tres meses habló abiertamente, discutiendo de modo convincente sobre el reinado de Dios.
9Pero, como algunos se endurecían y se negaban a creer y difamaban el Camino ante la gente, Pablo se apartó de ellos, llevó consigo a los discípulos y siguió discutiendo diariamente en la escuela de un tal Tirano.
10Esto duró dos años, de suerte que todos los habitantes de Asia, judíos y griegos, escucharon la Palabra del Señor.
11Dios hacía milagros extraordinarios por medio de Pablo;
12hasta el punto de que aplicaban a los enfermos paños o pañuelos que él había tocado, y les desaparecía la enfermedad y también salían de ellos los espíritus malignos.
13Unos exorcistas ambulantes judíos intentaron invocar sobre los poseídos de espíritus malignos el nombre de Jesús con la fórmula: Os conjuro por el Jesús que Pablo predica.
14Un sumo sacerdote judío, llamado Escevas, tenía siete hijos que hacían eso.
15Pero el espíritu maligno les dijo: A Jesús lo conozco, Pablo sé quién es; vosotros, ¿quiénes sois?
16El hombre poseído del espíritu maligno se abalanzó sobre ellos y los dominó por la fuerza, así que tuvieron que escapar desnudos y malheridos de aquella casa.
17Lo supieron los vecinos de Éfeso, judíos y griegos, y todos se llenaron de temor. El nombre del Señor Jesús ganaba prestigio.
18Muchos que abrazaban la fe venían a confesar públicamente sus prácticas.
19No pocos, que habían practicado la magia, traían sus libros y los quemaban en presencia de todos. Calculando el precio global, resultó ser de cincuenta mil monedas de plata.
20Así, por el poder del Señor, el mensaje crecía y se fortalecía.
21Terminada toda esa tarea, Pablo se propuso ir a Jerusalén pasando por Macedonia y Acaya; él decía que, después de estar allí, tenía que visitar Roma.
22Envió a Macedonia a dos de sus asistentes, Timoteo y Erasto, y él se quedó una temporada en Asia.
23Por entonces sobrevino una gran crisis acerca del Camino.
24Un tal Demetrio, platero, fabricaba en plata templetes de Artemis y procuraba buenas ganancias a los artesanos.
25Los reunió con todos los del gremio y les dirigió la palabra: Compañeros, sabéis que nuestra prosperidad depende de esta actividad.
26Pero estáis viendo y oyendo que ese Pablo, no sólo en Éfeso, sino en Asia entera, está ganando con su propaganda mucha gente, diciendo que no son dioses los que se fabrican con las manos.
27Con lo cual no sólo está en peligro de descrédito nuestra profesión, sino que el templo de la gran diosa Artemis, venerada en toda Asia y en el mundo entero, va a perder toda su grandeza.
28Al oírlo se enfurecieron y se pusieron a gritar: ¡Es grande Artemis de Éfeso!
29Se produjo un gran tumulto en la ciudad y todos se precipitaron hacia el teatro, arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, macedonios compañeros de Pablo.
30Pablo intentaba acudir a la asamblea, pero los discípulos no se lo permitieron.
31Algunas autoridades de Asia, amigos suyos, le enviaron un recado aconsejándole que no acudiera al teatro.
32Entretanto, cada uno gritaba una cosa, había una gran confusión en la asamblea y muchos de la concurrencia ni siquiera sabían la causa.
33Algunos de la multitud explicaron el asunto a Alejandro, a quien los judíos habían colocado al frente de todos. Éste, haciendo un gesto con la mano, intentaba pronunciar una defensa ante la asamblea.
34Pero, al reconocer que era judío, todos se pusieron a gritar durante dos horas: ¡Grande es Artemis de Éfeso!
35El secretario logró calmar a la multitud y les habló: Efesios, ¿hay alguien que no sepa que Éfeso custodia el templo de la gran Artemis y su imagen caída del cielo?
36Como eso es indiscutible, lo importante es que conservéis la calma y no obréis con precipitación.
37Habéis traído a esos hombres, que ni son sacrílegos ni han afrentado a nuestra diosa.
38Si Demetrio y sus artesanos tienen querella contra alguien, ahí están los jueces y prefectos: que resuelvan su pleito.
39Si se trata de un asunto más grave, podrá solventarlo la asamblea legal.
40De hecho, corremos peligro de ser encausados por el tumulto de hoy y como no tiene justificación no podremos explicar la causa del motín. Con estas palabras disolvió la asamblea.