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Eclesiástico (Sirácide) 3

Biblia del Peregrino (1993)

1Escuchad, hijos míos, a vuestro padre, hacedlo, y os salvaréis.

2Pues el Señor da al padre honra frente a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole.

3El que honra a su padre expía sus pecados,

4el que respeta a su madre acumula tesoros;

5el que honra a su padre se alegrará de sus hijos, y cuando rece, será escuchado;

6quien honra a su padre tendrá larga vida, quien da descanso a su madre obedece al Señor;

7quien respeta al Señor honra a sus padres y sirve a sus padres como a señores.

8De palabra y de obra honra a tu padre, y vendrán sobre ti toda clase de bendiciones;

9la bendición del padre afianza las raíces, la maldición de la madre arranca lo plantado.

10No busques honra en la humillación de tu padre, porque no sacarás honra de ella;

11la honra de un hombre es la honra de su padre, y la deshonra de la madre es vergüenza de los hijos.

12Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras viva;

13aunque chochee, ten indulgencia; no lo abochornes mientras viva.

14La ayuda que diste a tu padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados;

15el día del peligro se acordará de ti y deshará tus pecados como el calor la escarcha.

16Quien desprecia a su padre es un blasfemo, quien insulta a su madre irrita a su Creador.

17Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso.

18Hazte pequeño en las grandezas humanas y alcanzarás el favor de Dios;

19

20porque es grande la compasión de Dios, y revela sus secretos a los humildes.

21No pretendas lo que es demasiado elevado para ti ni investigues lo que supera tus fuerzas;

22reflexiona sobre lo que te han encomendado, y no te preocupes por lo que está oculto;

23no te inquietes por lo que te supera, aunque te enseñen cosas que te desbordan,

24¡porque son tan numerosas las opiniones de los hombres, y sus locas fantasías los extravían!

25

26El terco acaba mal, el que ama el peligro perece en él

27el terco se acarrea desgracias, el pecador añade pecado a pecado.

28La herida del orgulloso no tiene cura, es el brote de una mala planta.

29El sabio aprecia las sentencias de los sabios, el oído atento a la sabiduría se alegrará.

30El agua apaga el fuego ardiente y la limosna consigue el perdón de los pecados.

31Al bienhechor lo recuerdan más tarde, cuando resbale encontrará apoyo.

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