1 Corintios 4
Biblia del Peregrino (1993) ›1Que la gente nos considere como servidores del Mesías y administradores de los secretos de Dios.
2Ahora bien, a un administrador se le exige que sea fiel.
3A mí poco me importa ser juzgado por vosotros o por un tribunal humano; ni yo mismo me juzgo.
4De nada me reprocha la conciencia, pero no por ello salgo absuelto; quien me juzga es el Señor.
5Por tanto, no juzguéis antes de tiempo; esperad a que venga el Señor, el cual iluminará lo oculto en las tinieblas y descubrirá las intenciones del corazón. Entonces recibirá cada uno su calificación de Dios.
6Hermanos, en atención a vosotros he aplicado lo dicho a Apolo y a mí, para que aprendáis de nosotros aquello: no salirse de lo escrito, para que nadie se hinche de orgullo a favor de uno y contra de otro.
7¿Quién te declara superior? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?
8¡Ya estáis saciados!, ¡ya os habéis enriquecido! ¡Sin nosotros ya reináis! Ojalá reinarais ya, para reinar nosotros con vosotros.
9Pero pienso que a nosotros los apóstoles Dios nos ha exhibido los últimos, como condenados a muerte; pues nos hemos convertido en espectáculo del mundo, de ángeles y de hombres.
10Nosotros por el Mesías somos locos, vosotros por el Mesías prudentes; nosotros débiles, vosotros fuertes; vosotros estimados, nosotros despreciados.
11Hasta el momento presente pasamos hambre y sed, vamos medio desnudos, nos tratan a golpes, vagamos a la ventura,
12nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Insultados bendecimos, perseguidos resistimos,
13calumniados suplicamos. Somos la basura del mundo, el desecho de todos hasta ahora.
14No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos queridos.
15Pues aunque tengáis como cristianos diez mil instructores, no tenéis muchos padres. Anunciando la Buena Noticia yo os engendré para el Mesías.
16Os recomiendo, pues, que me imitéis.
17Para ello os envié a Timoteo, hijo mío querido y fiel al Señor; para que os recuerde mis normas cristianas, tal como las enseño por toda la Iglesia.
18Algunos, pensando que no iré a veros, andan hinchados de orgullo;
19pero os visitaré pronto, si Dios quiere, y entonces mediré, no las palabras de los orgullosos, sino sus fuerzas.
20Que el reinado de Dios no es de palabras, sino de fuerza.
21¿Qué escogéis?, ¿que vaya con la vara o con amor y mansedumbre?