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2 Macabeos 9

Nueva Biblia de Jerusalén (1998)

12 MACABEOS 9 2M 1 - 2M 2 - 2M 3 - 2M 4 - 2M 5 - 2M 6 - 2M 7 - 2M 8 - 2M 9 - 2M 10 - 2M 11 - 2M 12 - 2M 13 - 2M 14 - 2M 15 Índice de libros Fin | 1 M 6:1-16 ; 2 M 1:11-17 de Antíoco Epífanes. Por este tiempo, Antíoco hubo de retirarse desordenadamente de las regiones de Persia.

2En efecto, habiendo entrado en la ciudad llamada Persépolis, pretendió saquear el santuario 9:2 El templo de que se trata, en realidad se hallaba en Elimaida, al norte de Persépolis, 1 M 6:3 , pero Jasón o el compendiador parece que prefería situar los hechos en una ciudad conocida de todos. y oprimir la ciudad; ante ello, la muchedumbre, sublevándose, acudió a las armas y le puso en fuga; y Antíoco, ahuyentado por los naturales del país, hubo de emprender una vergonzosa retirada.

3Cuando estaba en Ecbátana 9:3 La actual Hamadán, a 700 km al nordeste de Persépolis. En realidad, Epífanes murió en Tabes, a medio camino entre estas dos ciudades. , le llegó la noticia de lo ocurrido a Nicanor y a las tropas de Timoteo.

4Arrebatado de furor, pensaba vengar en los judíos la afrenta de los que le habían puesto en fuga, y por eso ordenó al conductor que hiciera avanzar el carro sin parar hasta el término del viaje. Pero ya el juicio del Cielo se cernía sobre él, pues había hablado así con orgullo: «En cuanto llegue a Jerusalén, haré de la ciudad una fosa común de judíos.»

5Pero el Señor Dios de Israel, que todo lo ve, lo hirió con una llaga incurable e invisible: apenas pronunciada esta frase, se apoderó de sus entrañas un dolor irremediable, con agudos retortijones internos,

6cosa totalmente justa para quien había hecho sufrir las entrañas de otros con numerosas y desconocidas torturas.

7Pero él de ningún modo cesaba en su arrogancia; estaba lleno todavía de orgullo, respiraba el fuego de su furor contra los judíos y mandaba acelerar la marcha. Pero vino a caer de su carro, que corría velozmente, y, con la violenta caída, todos los miembros de su cuerpo se le descoyuntaron.

8El que poco antes pensaba dominar con su altivez de superhombre las olas del mar, Is 40:12 ; Is 51:15 ; Jb 38:8-11 ; Sal 65:7-8 [ Sal 65:6-7 ] y se imaginaba pesar en una balanza las cimas de las montañas, caído por tierra, era luego transportado en una litera, mostrando a todos de forma manifiesta el poder de Dios;

9hasta el punto que de los ojos del impío pululaban gusanos, caían Si 7:17 ; Hch 12:23 a pedazos sus carnes, aun estando con vida, entre dolores y sufrimientos 9:9 «de los ojos» Vet. Lat, arm.; «del cuerpo» griego (excepto 1 ms: «de los ojos del cuerpo»). -Se desconoce la naturaleza del mal que causó la muerte de Antíoco. La descripción depende de un género literario propio de la muerte de los tiranos, ver Jdt 16:17 ; Is 14:11 ; Hch 12:23 . Idéntico tipo de descripción de la muerte de Herodes el Grande en las Antigüedades Judías de Josefo. El paralelo de 1 M 6:9 es mucho más sobrio. , y su infecto hedor apestaba todo el ejército.

10Al que poco antes creía tocar los astros del cielo, nadie podía ahora llevarlo por la insoportable repugnancia del hedor.

11Así comenzó entonces, herido, a abatir su excesivo orgullo y a llegar al verdadero conocimiento bajo el azote divino, en tensión a cada instante por los dolores.

12Como ni él mismo podía soportar su propio hedor, decía: «Justo es estar sumiso a Dios y que un mortal no pretenda igualarse a la divinidad 9:12 «no pretenda igualarse a la divinidad» mss y versiones; «no tenga pensamientos orgullosos» una parte del griego; griego luc. combina las dos. -La expresión griega da una calificación a los honores divinos que recibían los reyes y los hombres ilustres. Ver la expresión parecida de Flp 2:6 aplicada a Cristo. .»

13Pero aquel malvado rogaba al Soberano de quien ya no alcanzaría misericordia, prometiendo

14que declararía libre la ciudad santa, a la que se había dirigido antes a toda prisa para arrasarla y transformarla en fosa común,

15que equipararía con los atenienses a todos aquellos judíos que había considerado dignos, no de una sepultura, sino de ser arrojados con sus niños como pasto a las fieras;

16que adornaría con los más bellos presentes el Templo Santo que antes había saqueado; que devolvería multiplicados todos los objetos sagrados; que suministraría a sus propias expensas los fondos que se gastaban en los sacrificios;

17y, además, que se haría judío y recorrería todos los lugares habitados para proclamar el poder de Dios.

18Carta de Antíoco a los judíos. Como sus dolores de ninguna forma se calmaban, pues había caído sobre él el justo juicio de Dios, desesperado de su estado, escribió a los judíos la carta copiada a continuación, en forma de súplica, con el siguiente contenido:

19«A los honrados ciudadanos judíos, con los mejores deseos de dicha, salud y prosperidad, saluda el rey y estratega 9:19 El término designa la magistratura suprema de una ciudad, aquí Antioquía, la capital, de la que Antíoco se había hecho nombrar edil y tribuno. -La carta se dirigía a los «honrados ciudadanos» de Antioquía, y la mención de los judíos debe ser una glosa de Jasón de Cirene. Antíoco.

20Si os encontráis bien vosotros, y vuestros hijos y vuestros asuntos van conforme a vuestros deseos, damos por ello rendidas gracias 9:20 Al final del v., el griego añade: «teniendo confianza en el cielo». .

21En cuanto a mí, me encuentro postrado sin fuerza en mi lecho, con un amistoso recuerdo de vosotros 9:21 «de vosotros» 1 ms griego, lat., arm.; «de vuestras muestras de respeto y de vuestros buenos sentimientos» griego. . A mi vuelta de las regiones de Persia, contraje una molesta enfermedad y he considerado necesario preocuparme de vuestra seguridad común.

22No desespero de mi situación, antes bien tengo grandes esperanzas de salir de esta enfermedad;

23pero, considerando que también mi padre, con ocasión de salir a campaña 9:23 «salir a campaña» estrateusen conj. según lat.; «acampar» estratopedeusen griego. hacia las regiones altas, designó su futuro sucesor,

24para que, si ocurría algo sorprendente o si llegaba alguna noticia desagradable, los habitantes de las provincias no se perturbaran, por saber ya a quién quedaba confiado el gobierno;

25dándome cuenta además de que los soberanos de alrededor, vecinos al reino, acechan las oportunidades y aguardan lo que pueda suceder, he nombrado rey a mi hijo Antíoco, a quien muchas veces, al recorrer las satrapías altas, os he confiado y recomendado a gran parte de vosotros. A él le he escrito lo que sigue 9:25 El autor no ha reproducido esta segunda carta, a la que probablemente no tenía acceso. .

26Por tanto os exhorto y ruego que, acordándoos de los beneficios recibidos en común y en particular, guardéis cada uno también con mi hijo la benevolencia que tenéis hacia mí.

27Pues estoy seguro de que él, realizando con moderación y humanidad mis proyectos, se entenderá bien con vosotros.»

28Así pues, aquel asesino y blasfemo, sufriendo los peores padecimientos, como los había hecho padecer a otros, terminó la vida en tierra extranjera, entre montañas, en el más lamentable infortunio 9:28 El tono violento del compendiador contrasta con el de la carta, conforme en todo con el estilo protocolario helenístico. .

29Filipo, su compañero, trasladaba su cuerpo; mas, por temor al hijo de Antíoco, se retiró a Egipto, junto a Tolomeo Filométor 9:29 Detalle difícil de conciliar con 1 M 6:55 y 1 M 6:63 . Probablemente Filipo se quedaría en Egipto hasta finales del 163, ver 2 M 13:23 . .

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