Santiago 2
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1Hermanos míos, no mezcléis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas.
2Suponed que en vuestra asamblea entra un hombre con sortija de oro y traje lujoso, y entra también un pobre con traje mugriento;
3si vosotros atendéis al que lleva el traje de lujo y le decís: «Tú siéntate aquí cómodamente», y al pobre le decís: «Tú quédate ahí de pie» o «siéntate en el suelo, a mis pies»,
4¿no estáis haciendo discriminaciones entre vosotros y convirtiéndoos en jueces de criterios inicuos?
5Escuchad, mis queridos hermanos: ¿acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?
6Vosotros, en cambio, habéis ultrajado al pobre. ¿No son los ricos los que os oprimen e incluso os arrastran a los tribunales?
7¿No son ellos los que injurian el hermoso Nombre que ha sido invocado sobre vosotros?
8Si cumplís la que, según la Escritura, es la ley regia: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», hacéis bien;
9pero si establecéis diferencias entre las personas, cometéis pecado y esa ley os acusa como transgresores.
10Pues quien observa toda la ley, pero falla en un solo precepto, se hace responsable de todos.
11Porque el que dijo: No cometerás adulterio, dijo también: No matarás; por tanto, si no cometes adulterio, pero matas, te haces transgresor de la ley.
12Hablad y actuad como quienes van a ser juzgados por una ley de libertad,
13pues el juicio será sin misericordia para quien no practicó la misericordia; la misericordia triunfa sobre el juicio.
14¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?
15Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario
16y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?
17Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro *2:17 Santiago no se opone a la doctrina de la justificación por fe sin obras de ley, que hallamos en las cartas paulinas ( Rom 3:28 ; Rom 4:2 ; Gál 2:16 ; Gál 3:5-7 ), ni contrapone las obras a la fe, sino que aborda el problema de la religiosidad aparente, de la fe vacía, sin obras e inconsistente. .
18Pero alguno dirá: «Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe».
19Tú crees que hay un solo Dios. Haces bien. Hasta los demonios lo creen y tiemblan.
20¿Quieres enterarte, insensato, de que la fe sin las obras es inútil? *2:20 Tampoco Pablo contrapone la fe a las obras, sino el régimen de la fe al régimen de la ley y sus obras, pues también en los textos paulinos la fe requiere la actividad del amor ( Gál 5:6 ; 1Co 13:1-11 ; 1Ts 1:3 ). Santiago, por su parte, no exalta las obras por encima de la fe, sino que manifiesta la necesidad de una fe consecuente, que se lleve a la práctica mediante las obras.
21Abrahán, nuestro padre, ¿no fue justificado por sus obras al ofrecer a Isaac, su hijo, sobre el altar?
22Ya ves que la fe concurría con sus obras y que esa fe, por las obras, logró la perfección.
23Así se cumplió la Escritura que dice: Abrahán creyó a Dios y eso le fue contado como justicia y fue llamado «amigo de Dios».
24Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no solo por la fe.
25Del mismo modo también Rajab, la prostituta, ¿no fue justificada por sus obras al acoger a los mensajeros y hacerlos salir por otro camino?
26Pues lo mismo que el cuerpo sin aliento está muerto, así también la fe sin obras está muerta.