Santiago 1
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1SANTIAGO La carta se puede atribuir al «hermano del Señor» ( Gál 1:19 ), identificado generalmente como Santiago «el Menor», que ocupaba un puesto eminente en la comunidad de Jerusalén ( Hch 12:17 y véase Hch 15:13 ). Se trataría de una carta encíclica dirigida desde Jerusalén a varias comunidades judeocristianas. Habría que situarla entre el año 50, o incluso antes, y el último tercio del siglo i. La carta no es un tratado de teología, sino el mensaje didáctico y ético de un maestro de la comunidad cristiana, que, en coherencia con su fe en Cristo, con la sabiduría y el acierto del hombre religioso, y con la fuerza crítica e interpeladora del profeta, responde a algunos problemas candentes, sacando las consecuencias fundamentales del mensaje de Jesús en orden a una vida auténticamente cristiana. Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus en la diáspora: saludos.
2Considerad, hermanos míos, un gran gozo cuando os veáis rodeados de toda clase de pruebas,
3sabiendo que la autenticidad de vuestra fe produce paciencia *1:3 El motivo de la dicha no es la tentación en sí misma, sino la oportunidad de gracia que ofrece para madurar en la fe. Santiago descarta, de hecho, toda posibilidad de relacionar a Dios con las pruebas que se experimentan en medio de los males ( Stg 1:13 ). Dios es dador solo de bienes, no de males. .
4Pero que la paciencia lleve consigo una obra perfecta, para que seáis perfectos e íntegros, sin ninguna deficiencia.
5Y si alguno de vosotros carece de sabiduría, pídasela a Dios, que da a todos generosamente y sin reproche alguno, y él se la concederá.
6Pero que pida con fe, sin titubear nada, pues el que titubea se parece a una ola del mar agitada y sacudida por el viento.
7No se crea un individuo así que va a recibir algo del Señor;
8es un hombre inconstante, indeciso en todos sus caminos.
9Que el hermano de condición humilde se sienta orgulloso de su alta dignidad,
10y el rico de su pequeñez, porque pasará como flor de hierba.
11Pues sale el sol con su ardor y seca la hierba, se cae la flor y se pierde la belleza de su aspecto; así también se marchitará el rico en sus empresas.
12Bienaventurado el hombre que aguanta la prueba, porque, si sale airoso, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que lo aman.
13Cuando alguien se vea tentado, que no diga: «Es Dios quien me tienta»; pues Dios no es tentado por el mal y él no tienta a nadie.
14A cada uno lo tienta su propio deseo cuando lo arrastra y lo seduce;
15después el deseo concibe y da a luz al pecado, y entonces el pecado, cuando madura, engendra muerte.
16No os engañéis, mis queridos hermanos.
17Todo buen regalo y todo don perfecto viene de arriba, procede del Padre de las luces, en el cual no hay ni alteración ni sombra de mutación.
18Por propia iniciativa nos engendró con la palabra de la verdad, para que seamos como una primicia de sus criaturas.
19Tened esto presente, mis queridos hermanos: que toda persona sea pronta para escuchar, lenta para hablar y lenta a la ira,
20pues la ira del hombre no produce la justicia que Dios quiere.
21Por eso, desechad toda inmundicia y la carga de mal que os sobra y acoged con docilidad esa palabra, que ha sido injertada en vosotros y es capaz de salvar vuestras vidas.
22Poned en práctica la palabra y no os contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos.
23Porque quien oye la palabra y no la pone en práctica, ese se parece al hombre que se miraba la cara en un espejo
24y, apenas se miraba, daba media vuelta y se olvidaba de cómo era.
25Pero el que se concentra en una ley perfecta, la de la libertad, y permanece en ella, no como oyente olvidadizo, sino poniéndola en práctica, ese será dichoso al practicarla.
26Si alguien se cree religioso y no refrena su lengua, sino que se engaña a sí mismo, su religiosidad está vacía.
27La religiosidad auténtica e intachable a los ojos de Dios Padre es esta: atender a huérfanos y viudas en su aflicción y mantenerse incontaminado del mundo.