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Eclesiástico (Sirácide) 24

Sagrada Biblia (CEE 2011)

1ECLESIÁSTICO 24 Si 1 - Si 2 - Si 3 - Si 4 - Si 5 - Si 6 - Si 7 - Si 8 - Si 9 - Si 10 - Si 11 - Si 12 - Si 13 - Si 14 - Si 15 - Si 16 - Si 17 - Si 18 - Si 19 - Si 20 - Si 21 - Si 22 - Si 23 - Si 24 - Si 25 - Si 26 - Si 27 - Si 28 - Si 29 - Si 30 - Si 31 - Si 32 - Si 33 - Si 34 - Si 35 - Si 36 - Si 37 - Si 38 - Si 39 - Si 40 - Si 41 - Si 42 - Si 43 - Si 44 - Si 45 - Si 46 - Si 47 - Si 48 - Si 49 - Si 50 - Si 51 Índice de libros *24 Este capítulo constituye el centro del libro. Inspirándose en Pro 8:1-36 , el sabio compone un himno en el que la sabiduría personificada pronuncia su elogio: describe su origen divino, su morada en Israel, su identidad y utilidad a través de imágenes vegetales y concluye con una invitación urgente a sus interlocutores ( Sir 24:1-22 ). A continuación, el sabio retoma la palabra: identifica la sabiduría con la ley y hace una especie de confesión autobiográfica que funciona como colofón del capítulo ( Sir 24:23-34 ). Es de notar la afinidad literaria y teológica entre Sir 24:1-34 y el llamado Prólogo del Evangelio de Juan ( Jua 1:1-18 ). La sabiduría hace su propia alabanza | encuentra su honor en Dios | y se gloría en medio de su pueblo.

2En la asamblea del Altísimo abre su boca | y se gloría ante el Poderoso.

3«Yo salí de la boca del Altísimo, | y como niebla cubrí la tierra.

4Puse mi tienda en las alturas, | y mi trono era una columna de nube.

5Sola recorrí la bóveda del cielo | y me paseé por la profundidad del abismo.

6Goberné sobre las olas del mar y sobre toda la tierra, | sobre todos los pueblos y naciones.

7En todos ellos busqué un lugar de descanso | y una heredad donde establecerme.

8Entonces el Creador del universo me dio una orden, | el que me había creado estableció mi morada | y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, | y fija tu heredad en Israel”.

9Desde el principio, antes de los siglos, me creó, | y nunca jamás dejaré de existir.

10Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, | y así me establecí en Sión.

11En la ciudad amada encontré descanso, | y en Jerusalén reside mi poder.

12Arraigué en un pueblo glorioso, | en la porción del Señor, en su heredad.

13Crecí como cedro del Líbano, | como ciprés de las montañas del Hermón.

14Crecí como palmera de Engadí, | como plantel de rosas de Jericó, | como gallardo olivo en la llanura, | como plátano crecí.

15Como cinamomo y aspálato di perfume, | como mirra exquisita derramé aroma, | como gálbano y ónice y estacte, | como nube de incienso en la Tienda.

16Como terebinto extendí mis ramas, | un ramaje de gloria y de gracia.

17Como vid lozana retoñé, | y mis flores son frutos bellos y abundantes.

18Yo soy la madre del amor hermoso y del temor, | del conocimiento y de la santa esperanza, | me doy a todos mis hijos, | escogidos por él desde la eternidad.

19Venid a mí los que me deseáis, | y saciaos de mis frutos.

20Pues mi recuerdo es más dulce que la miel, | y mi heredad más dulce que los panales.

21Los que me comen todavía tendrán hambre, | y los que me beben todavía tendrán sed.

22Quien me obedece no pasará vergüenza, | y los que se ocupan de mí no pecarán».

23Todo esto es el libro de la alianza del Dios altísimo, | la ley que nos prescribió Moisés | como herencia para las asambleas de Jacob.

24No dejéis de ser fuertes en el Señor; | permaneced unidos a él para que os fortalezca. | El Señor todopoderoso es el único Dios, | y fuera de él no hay salvador.

25Ella, la ley, rebosa sabiduría como el Pisón, | como el Tigris en la estación de los primeros frutos;

26desborda inteligencia como el Éufrates, | como el Jordán en tiempo de cosecha;

27derrama enseñanza como el Nilo, | como el Guijón durante la vendimia.

28El primero no acabó de comprenderla, | ni tampoco el último ha podido rastrearla.

29Pues su pensamiento es más ancho que el mar, | y su consejo más profundo que el gran abismo.

30Y yo, como canal que deriva de un río, | como acequia que atraviesa un jardín,

31dije: «Regaré mi huerto | y empaparé mis eras». | Y he aquí que el canal se me convirtió en un río, | y el río se convirtió en un mar.

32Haré que mi enseñanza brille como la aurora | y que resplandezca en la lejanía.

33Derramaré mi enseñanza como profecía | y la transmitiré a las generaciones futuras.

34Fijaos que no he trabajado solo para mí, | sino para todos aquellos que buscan la sabiduría.

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