Mateo 9
Nuevo Testamento CEBIHA ›1EL PARALÍTICO DE CAFARNAÚM (Mc 2,1; Lc 5,17).— Subió a una barca, pasó a la otra orilla, y vino a su ciudad.
2De pronto, le llevan un paralítico tendido en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Confía, hijo, tus pecados te son perdonados.
3Y algunos de los escribas dijeron para sí: Éste blasfema;
4y Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ¿A qué pensáis mal en vuestros corazones?
5¿Qué es más fácil, decir: se te perdonan los pecados, o decir: levántate y anda?
6Pues para que sepáis que el Hijo del hombre, en la tierra, tiene poder de perdonar los pecados, levántate —dice entonces al paralítico —, toma tu lecho y anda a tu casa.
7Se levantó y marchó a su casa.
8Y viendo esto las turbas, temieron y glorificaron a Dios que dio tal poder a los hombres.
9VOCACIÓN DE MATEO (Mc 2,13; Lc 5,27).— Partiendo de allí Jesús, vio un hombre llamado Mateo, sentado en su telonio, y le dice: Sígueme. Se levantó y lo siguió.
10Y estando a la mesa en su casa, muchos publícanos y pecadores vinieron y se pusieron a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11Los fariseos que lo vieron, decían a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publícanos y pecadores?
12Mas Él, al oírlo, dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.
13Id, pues, y aprended qué es: misericordia quiero y no sacrificio; pues no vine a llamar justos, sino pecadores.
14CUESTIÓN DEL AYUNO (Mc 2,18).— Entonces se le acercan los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho y tus discípulos no ayunan?
15Díjoles Jesús: ¿Acaso pueden los compañeros del esposo afligirse mientras está con ellos el esposo? Días vendrán en que les sea arrebatado el esposo, y entonces ayunarán.
16Nadie remienda con paño no tundido un vestido viejo; porque el remiendo tirará del vestido, y el rasgón se hará mayor.
17Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otro modo, se rompen los odres, y se derrama el vino, y los odres se estropean; sino que el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así ambos se conservan.
18LA HEMORROÍSA Y LA HIJA DE JAIRO (Mc 5,21; Lc 8,40).— Así les hablaba, cuando he aquí un magistrado, que llega y se postra ante Él, diciendo: Mi hija acaba de morir; pero ven, pon tu mano sobre ella, y vivirá.
19Levantándose Jesús, lo siguió, y también sus discípulos.—
20Y una mujer, con flujo de sangre hacía ya doce años, acercándose por detrás, tocó la orla de su manto.
21Pues decía para sí: Con sólo tocar su vestido sanaré.
22Volvióse Jesús y, viéndola, dijo: Ánimo, hija, tu fe te ha sanado; y la mujer quedó curada desde aquel momento.—
23Al llegar Jesús a la casa del magistrado, y ver a los flautistas y a la gente que alborotaba, decía:
24Retiraos, que la niña no está muerta; duerme. Y se burlaban de Él.
26Echada la gente, entró, tomóla de la mano, y la niña se levantó.
27CURACIÓN DE DOS CIEGOS Y UN MUDO.— Y yéndose Jesús de allí, le siguieron los ciegos, gritando: Compadécete de nosotros, hijo de David.
28Y al llegar a la casa, se le acercaron los ciegos, y les dice Jesús: ¿Creéis que puedo hacer eso? Dícenle: Sí, Señor.
29Entonces tocó sus ojos diciendo: Según vuestra fe, hágase en vosotros.
30Y se abrieron sus ojos, y Jesús les ordenó severamente: Mirad que nadie lo sepa.
31Pero ellos salieron y lo publicaron por toda aquella tierra.
32Salidos ellos, le presentaron un hombre mudo endemoniado,
33y, arrojado el demonio, habló el mudo. Y decían maravilladas las gentes: Jamás se vio cosa igual en Israel.
34Pero los fariseos decían: Con el poder del príncipe de los demonios arroja a los demonios.
35MISIÓN POR GALILEA (Mc 6,6).— Recorría Jesús todas sus ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
36Y viendo las muchedumbres, se apiadó de ellas, porque estaban vejadas y decaídas como ovejas sin pastor.
37Entonces dice a sus discípulos: La mies es mucha, y pocos los obreros.
38Pedid, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.