Marcos 1
Nuevo Testamento CEBIHA ›1EL BAUTISTA (Mt 3, 1; Lc 3,1).— Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
2Según está escrito en el profeta Isaías: Mira que envío delante de ti a mi mensajero—que preparará tu camino;—
3voz del que grita en el desierto:—Preparad el camino del Señor;—enderezad sus veredas;
4apareció Juan el Bautista en el desierto, predicando bautismo de penitencia para remisión de los pecados.
5Todos los de la región de Judea y los de Jerusalén, acudían a él para ser bautizados en el río Jordán, confesando sus pecados.
6Y Juan vestía de pelo de camello con un cinturón de cuero a sus lomos; y comía saltamontes y miel silvestre.
7Y clamaba: Viene tras de mí el que es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar, abajándome, la correa de sus sandalias.
8Yo os bautizo en agua, pero Él os bautizará en el Espíritu Santo.
9BAUTISMO Y TENTACIONES DE JESÚS (Mt 3, 13; 4, 11; Lc 3, 21 s; 4, 1; Jn 1, 32ss).— Por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.
10Al momento de salir del agua vio los cielos abiertos y al Espíritu Santo como una paloma descendiendo sobre Él;
11y sonó una voz de los cielos: Tú eres mi hijo, el amado, en ti me complazco.
12Y al punto el Espíritu lo empuja hacia el desierto.
13Y estuvo en él durante cuarenta días, siendo tentado por Satanás, y vivía entre las fieras; pero los ángeles le servían.
14MINISTERIO EN GALILEA - PREDICACIÓN Y MILAGROS (Mt 4, 12; 8, 14; Lc 4, 14s).— Después que Juan fue entregado, vino Jesús a Galilea, predicando el Evangelio de Dios
15y diciendo: Se ha cumplido el tiempo, y el Reino de Dios está inminente: arrepentíos y creed en el Evangelio.
16Y pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el lago; pues eran pescadores.
17Y les dijo Jesús: Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.
18Al instante dejaron las redes, y lo siguieron.
19Y avanzando un poco más, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también dentro de la barca remendando sus redes;
20y los llamó. Y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron en pos de Él.
21Van a Cafarnaúm; y luego, los sábados, enseñaba en la sinagoga.
22Se maravillaban de su doctrina, porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
23Había entonces en su sinagoga un hombre con espíritu inmundo, y gritó:
24¿Qué tenemos contigo, Jesús Nazareno? ¿Viniste a perdernos? Sé quién eres: ¡el Santo Dios!
25Jesús lo increpó: enmudece y sal de él.
26Y el espíritu impuro, retorciéndose y gritando, salió de él.
27Todos quedaron atónitos, y se preguntaban: ¿Qué es esto? Una doctrina nueva con tal autoridad, que manda a los espíritus inmundos, y le obedecen.
28Y se extendió rápidamente su fama por los confines todos de Galilea.
29Saliendo luego de la sinagoga, fueron a casa de Simón y de Andrés, con Santiago y Juan.
30Yacía la suegra de Simón con fiebre, y al punto le hablan de ella.
31Y acercándose, la levantó tomándola de la mano. La dejó la fiebre y se puso a servirles.
32Ya tarde, puesto el sol, le llevan todos los enfermos y endemoniados;
33y toda la ciudad se agolpó a la puerta.
34Y curó a muchos pacientes de diversas enfermedades, lanzó a muchos demonios y no les dejaba hablar, porque le conocían.
35Por la mañana, de noche aún, se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, y allí oraba.
36Simón y sus compañeros le buscaron,
37dieron con Él, y le dijeron: Todos te buscan.
38Y Él les dijo: Vamos a otra parte, a las aldeas vecinas, a predicar también allí; pues para esto salí.
39Y marchó a predicar en las sinagogas por toda Galilea, y lanzaba a los demonios.
40CURA A UN LEPROSO (Mt 8, 2; Lc 5, 12).— Viene a Él un leproso, y de rodillas le suplica: Si quieres puedes limpiarme.
41Y apiadado, extendió la mano y le tocó diciendo: Quiero, queda limpio.
42Y al instante se le quitó la lepra y quedó limpio,
43Luego lo despidió de sí advirtiéndole severamente:
44Mira, no lo digas a nadie; sino anda, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, en testimonio para ellos.
45Pero él, saliendo, comenzó a divulgar a voces lo ocurrido, de manera que ya no podía Jesús entrar públicamente en ciudad alguna, sino que andaba fuera de poblado, en lugares solitarios; y a Él venían de todas partes.