Martirio de Policarpo 12
Sagrada Biblia Straubinger ›1XII. ⇄ 1. Diciendo estas y otras cosas, se llenó de fortaleza y alegría; y su rostro irradiaba tal gracia que no sólo no se abatía turbado por las amenazas que se le dirigían, sino que por el contrario era el procónsul quien estaba fuera de sí y envió a su propio heraldo que por tres veces proclamara en medio del estadio: «Policarpo ha confesado que es cristiano».
22. Apenas lo dijo el heraldo, toda la turba de gentiles y de judíos que vivían en Esmirna ²⁴, con rabia incontenible y a grandes gritos, empezó a vociferar: «Este es el maestro de Asia, el padre de los cristianos, el destructor de nuestros dioses, el que enseña a muchos a no sacrificar ni adorar». Diciendo esto, gritaban y pedían al asiarca ²⁵ Felipe que echase un león a Policarpo. Pero éste respondió que no tenía facultad para ello, una vez que habían concluido los combates de las fieras.
33. Entonces todos gritaban unánimemente que Policarpo fuera quemado vivo. Era necesario, pues, que se cumpliera la visión que se le había manifestado sobre la almohada, cuando la vio, estando orando, abrasarse y había dicho proféticamente a los fieles que estaban con él: «Es necesario que yo sea quemado vivo».