Proverbios 23
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Si te sientas a comer con poderoso, mira bien al que está frente a ti;
2refrena tu voracidad * , si tienes mucha hambre;
3no seas ansioso de sus exquisiteces, porque es comida engañosa * .
4No te afanes por enriquecerte, deja de preocuparte.
5Apartas tu mirada y no queda nada, pues echa alas como águila y vuela hasta el cielo.
6No te sientes a comer con el tacaño, ni codicies sus exquisiteces;
7porque son como un pelo en la garganta. Te dice: «¡Come y bebe!», pero piensa otra cosa * .
8Vomitarías lo que has comido y malgastarías tus palabras amables.
9No hables a oídos del necio, porque despreciará tus sensatas palabras.
10No desplaces los linderos antiguos, ni invadas el campo del huérfano,
11porque su defensor es poderoso, y defenderá su causa contra ti * .
12Aplica tu mente a la instrucción, y tu oído a las palabras de la experiencia.
13No ahorres castigo al muchacho, pues no morirá porque lo azotes con la vara.
14Si lo azotas con la vara, salvarás su vida del abismo.
15Hijo mío, si tu corazón se hace sabio, se alegrará también mi corazón,
16y disfrutarán mis entrañas cuando tus labios hablen correctamente.
17No tengas envidia de los pecadores, sino del temor de Yahvé en todo momento,
18porque así tendrás futuro y tu esperanza no será defraudada.
19Escucha, hijo mío, hazte sabio y sigue el camino recto.
20No te juntes con los que beben vino, ni con los que se atiborran de carne,
21porque borrachos y glotones se arruinan y la modorra se viste de harapos.
22Escucha a tu padre, que él te engendró, y no desprecies a tu madre por ser vieja.
23Adquiere verdad y no la vendas; también sabiduría, educación e inteligencia.
24El padre del justo rebosa de gozo, quien tiene un hijo sabio se alegra.
25Que tu padre se alegre por ti y rebose de gozo la que te ha engendrado.
26Hijo mío, confía en mí y mira con buenos ojos mi conducta.
27Fosa profunda es la prostituta y pozo estrecho la mujer extraña.
28Como un ladrón se pone al acecho y acrecienta la traición entre los hombres.
29¿De quién los ayes?, ¿de quién los gemidos?; ¿de quién las riñas?, ¿de quién los lloros?; ¿de quién los golpes gratuitos?, ¿de quién los ojos turbios?
30De los que se pasan con el vino y andan probando bebidas.
31No mires el vino: ¡Qué rojo está! ¡cómo brilla en la copa! ¡qué suave entra!
32Al final muerde como serpiente y pica como víbora.
33Tus ojos verán alucinaciones y tu mente imaginará incoherencias.
34Estarás como tumbado en alta mar o sentado en la punta de un mástil.
35«Me han pegado y no me duele; me han golpeado y no lo siento. Cuando me despierte seguiré pidiendo más.»