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Mateo 8

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre.

2En esto, un leproso se acercó, se postró ante él y le dijo: «Señor, si quieres puedes limpiarme.»

3Él extendió la mano, lo tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante quedó limpio de su lepra * .

4Jesús le dijo: «Mira, no se lo digas a nadie. Pero vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.»

5Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó

6diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.»

7Jesús le contestó: «Yo iré a curarle.»

8Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano.

9Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste ‘Vete’, y va; y a otro ‘Ven, y viene; y a mi siervo ‘Haz esto’, y lo hace.»

10Al oír esto, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe * tan grande.

11Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa * con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos,

12mientras que los hijos del Reino * serán echados a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes * .»

13Luego dijo Jesús al centurión: «Ve y que te suceda como has creído.» Y en aquella hora sanó el criado.

14Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre.

15Le tocó la mano y la fiebre desapareció. Ella se levantó y se puso a servirle.

16Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él, con sólo una palabra, expulsó a los espíritus. Curó también a todos los que se encontraban mal,

17para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades * .

18Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla * .

19Entonces se le acercó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.»

20Jesús replicó: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre * no tiene donde reclinar la cabeza.»

21Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.»

22Jesús replicó: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.»

23Subió a la barca y sus discípulos le siguieron.

24De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba cubierta por las olas. Jesús estaba dormido.

25Ellos, acercándose, le despertaron: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!»

26Él replicó: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza.

27Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»

28Al llegar a la otra orilla, a la región de los gadarenos * , vinieron a su encuentro dos endemoniados * que salían de los sepulcros. Eran tan violentos que nadie se atrevía a pasar por aquel camino.

29Se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo * ?»

30Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo.

31Los demonios le suplicaron: «Si nos echas, mándanos a la piara de puercos.»

32Jesús les dijo: «Podéis ir.» Ellos salieron y se fueron a los puercos. De pronto toda la piara se arrojó al mar de lo alto del cantil, y perecieron en las aguas * .

33Los porqueros huyeron y, al llegar a la ciudad, lo contaron todo, también lo de los endemoniados.

34Entonces toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en cuanto le vieron, le rogaron que se retirase de su territorio.

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