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Mateo 13

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Aquel día * , salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar.

2Se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, mientras toda la gente se quedaba en la ribera.

3Y les habló muchas cosas en parábolas * . Decía: «Salió un sembrador a sembrar.

4Pero, al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; y vinieron las aves y se las comieron.

5Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra;

6pero, en cuanto salió el sol, se agostaron y, por no tener raíz, se secaron.

7Otras cayeron entre abrojos; pero crecieron los abrojos y las sofocaron.

8Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: una ciento, otra sesenta, otra treinta.

9El que tenga oídos * , que oiga.»

10Sus discípulos se acercaron y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»

11Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.

12Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene se le quitará hasta lo que tiene * .

13Por eso les hablo en parábolas, porque mirando no ven, y oyendo no oyen ni entienden * .

14En ellos se cumple la profecía de Isaías: Oír, oiréis, pero no entenderéis ; mirar, miraréis, pero no veréis .

15Porque se ha embotado el corazón de este pueblo , han hecho duros sus oídos y han cerrado sus ojos ; no sea que vean con sus ojos , con sus oídos oigan , con su corazón entiendan y se conviertan , y yo los sane .

16«¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!

17Pues os aseguro que muchos profetas y justos * desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.

18«Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador.

19Cuando alguien oye la palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado * a lo largo del camino.

20El que fue sembrado en pedregal es el que oye la palabra y de momento la recibe con alegría,

21pero, como no tiene raíz en sí mismo, por ser inconstante, sucumbe en seguida, en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la palabra.

22El que fue sembrado entre los abrojos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas sofocan la palabra, que queda sin fruto.

23Y el que fue sembrado en tierra buena es el que oye la palabra y la entiende; éste sí que da fruto y produce: uno ciento, otro sesenta, otro treinta.»

24Les propuso esta otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo.

25Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró cizaña entre el trigo y se fue.

26Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña.

27Los siervos se acercaron al amo y le preguntaron: ‘Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Por qué tiene entonces cizaña?’

28Él les contestó: ‘Algún enemigo ha hecho esto.’ Los siervos le dijeron: ‘¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?’

29Les respondió: ‘No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo.

30Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Ya diré a los segadores, cuando llegue la siega, que recojan primero la cizaña y la aten en gavillas para quemarla, y que almacenen el trigo en mi granero.’»

31Les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo.

32Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero, cuando crece, es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.»

33Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, hasta que fermentó todo * .»

34Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba si no era en parábolas,

35para que se cumpliese así lo dicho por el profeta: Abriré con parábolas mi boca , anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo * .

36Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. En esto se le acercaron sus discípulos y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.»

37Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;

38el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno * ;

39el enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo * ; y los segadores son los ángeles.

40De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo.

41El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los que actúan inicuamente,

42y los arrojarán en el horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

43Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre * . El que tenga oídos, que oiga.

44«El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo. Cuando un hombre lo encuentra, vuelve a esconderlo y, de tanta alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.

45«También es semejante el Reino de los Cielos al caso de un mercader que anda buscando perlas finas.

46Cuando encuentra una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.

47«También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y captura peces de todas clases.

48Y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan y recogen en cestos los buenos, al tiempo que tiran los malos.

49Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos

50y los echarán en el horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

51«¿Habéis entendido todo esto?» Le respondieron: «Sí.»

52Y añadió: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas * .»

53Cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.

54De vuelta a su patria * , se puso a enseñarles en su sinagoga, de tal manera que se preguntaban maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?

55¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?

56¿Y no están todas sus hermanas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?»

57Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo carece de prestigio en su patria y entre los suyos.»

58Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.

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