Marcos 2
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Entró de nuevo en Cafarnaún, y al poco tiempo corrió la voz de que estaba en casa.
2Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, mientras él les anunciaba la palabra.
3Entonces vinieron a traerle a un paralítico, llevado entre cuatro.
4Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura practicada, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.
5Viendo Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados * .»
6Estaban allí sentados algunos escribas, que pensaban para sus adentros:
7«¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?»
8Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dijo: «¿Por qué pensáis así en vuestro interior?
9¿Qué es más fácil, decir al paralítico ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle ‘Levántate, toma tu camilla y anda’?
10Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice al paralítico—:
11‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.’»
12Se levantó y, tomando la camilla, salió al instante a la vista de todos, de modo que quedaron asombrados y alababan a Dios diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»
13Salió de nuevo por la orilla del mar * . Toda la gente acudía a él, y él les enseñaba.
14Al pasar, vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y le siguió.
15En cierta ocasión, estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían.
16Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, dijeron a los discípulos: «¿Es que come con los publicanos y pecadores?»
17Al oír esto Jesús, les dijo: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»
18Como los discípulos de Juan y los fariseos solían ayunar, vinieron a preguntarle: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, siendo así que los discípulos de Juan y los de los fariseos practican el ayuno?»
19Jesús respondió: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar.
20Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, cuando llegue aquel día.
21Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tiraría de él, el paño nuevo del viejo, y se produciría un desgarrón peor.
22Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echarían a perder tanto el vino como los pellejos. Hay que echar el vino nuevo en pellejos nuevos.»
23Un sábado en que Jesús cruzaba por los sembrados, sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas * .
24Los fariseos le dijeron: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?»
25Él les respondió: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, cuando él y los que lo acompañaban sintieron hambre,
26cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar * , y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y cómo les dio también a los que estaban con él?»
27Y añadió: «El sábado ha sido instituido para el hombre, y no el hombre para el sábado * .
28De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.»