Lucas 9
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Jesús convocó a los Doce * y les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, así como para curar dolencias.
2Después los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar,
3pero antes les dijo: «No toméis nada para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno.
4Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí.
5Y si algunos no os acogen, salid de aquel pueblo y sacudid el polvo de vuestros pies como testimonio contra ellos.»
6Partieron, pues, y recorrieron los pueblos anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.
7Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba y estaba perplejo, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos;
8otros, que Elías se había aparecido, y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado.
9Herodes comentó: «Yo decapité a Juan. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?» Y esperaba una ocasión para verle.
10Cuando los apóstoles regresaron, le contaron cuanto habían hecho. Él, tomándolos consigo, se retiró aparte, a una población llamada Betsaida.
11Pero la gente lo supo y le siguieron. Él los acogía, les hablaba del Reino de Dios y curaba a los que tenían necesidad de ser curados.
12Como el día había comenzado a declinar, se le acercaron los Doce y le dijeron: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.»
13Él les dijo: «Dadles vosotros de comer.» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.»
14(Es que había como cinco mil hombres.) Jesús dijo entonces a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.»
15Lo hicieron así y acomodaron a todos.
16Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y se los fue dando a los discípulos para que, a su vez, se los sirvieran a la gente.
17Comieron todos hasta saciarse, y se recogieron doce canastos con los trozos que les habían sobrado.
18Estando una vez orando a solas, en compañía de los discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
19Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los antiguos profetas ha resucitado.»
20Les preguntó: «Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro le contestó: «El Cristo de Dios.»
21Entonces les ordenó enérgicamente que no dijeran esto a nadie.
22Les dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; lo matarán y resucitará al tercer día.»
23Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.
24Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la salvará.
25Pues ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?
26Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, en la de su Padre y en la de los santos ángeles.
27«Pues de verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean el Reino de Dios.»
28Unos ocho días después de estos sucesos, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar.
29Mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó y sus vestidos eran de una blancura fulgurante.
30Entonces pudo verse a dos hombres que conversaban con él. Eran Moisés y Elías * ,
31que aparecían en gloria y hablaban de su partida, que iba a tener lugar en Jerusalén.
32Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos * , de suerte que pudieron ver su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
33Cuando ellos se separaron de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, está bien que nos quedemos aquí. Podríamos hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Pero no sabía lo que decía.
34Estaba diciendo estas cosas, cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra. Al entrar en la nube, se llenaron de temor.
35Entonces llegó una voz desde la nube, que decía: «Éste es mi Hijo, mi Elegido * ; escuchadle.»
36Cuando cesó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.
37Al día siguiente, cuando bajaron del monte, le salió al encuentro mucha gente.
38En esto, uno de los presentes empezó a gritar: «Maestro, te suplico que atiendas a mi hijo, porque es el único que tengo.
39Mira, un espíritu se apodera de él y de pronto empieza a dar gritos; le hace retorcerse echando espuma y a duras penas se aparta de él. Lo deja todo magullado.
40He pedido a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.»
41Jesús exclamó: «¡Ay, generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros y habré de soportaros? ¡Trae acá a tu hijo!»
42Cuando se acercaba, el demonio lo arrojó por tierra y lo agitó violentamente. Pero Jesús increpó al espíritu inmundo, curó al niño y lo devolvió a su padre.
43Y todos quedaron atónitos ante la grandeza de Dios. Todos estaban maravillados de las cosas que hacía. Dijo entonces a sus discípulos:
44«Escuchad atentamente estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.»
45Pero ellos no entendían sus palabras; les estaba velado su significado, de modo que no las comprendían. Además tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto.
46Se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor.
47Sabiendo Jesús lo que pensaban en su interior, tomó a un niño, lo puso a su lado
48y les dijo: «El que acoja a este niño en mi nombre, a mí me acoge; y el que me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado. Pues el que sea más pequeño entre vosotros, ése es mayor.»
49Juan tomó la palabra y le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo * , porque no viene con nosotros.»
50Pero Jesús le contestó: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros.»
51Como se iban cumpliendo los días de su asunción * , él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén.
52Así que envió mensajeros por delante, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada.
53Pero no lo recibieron, porque tenía intención de ir a Jerusalén * .
54Ante la negativa, sus discípulos Santiago y Juan dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo y los consuma * ?»
55Pero Jesús se volvió y les reprendió * ;
56y se fueron a otro pueblo.
57Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas.»
58Jesús replicó: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»
59Dijo a otro: «Sígueme.» Pero él respondió * : «Déjame ir primero a enterrar a mi padre.»
60Replicó Jesús: «Deja que los muertos entierren a sus muertos * . Tú vete a anunciar el Reino de Dios.»
61Hubo otro que le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.»
62Replicó Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.»