Lucas 10
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante * , de dos en dos, a todas las poblaciones y sitios adonde él había de ir.
2Pero antes les dijo: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
3Id, pero sabed que os envío como corderos en medio de lobos.
4No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.
5Si entráis en una casa, decid primero: ‘Paz a esta casa.’
6Y si hubiere allí un hijo de paz * , vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros.
7Permaneced en la misma casa, comed y bebed lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa.
8Si entráis en un pueblo y os acogen, comed lo que os pongan;
9curad los enfermos que haya en él, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros.’
10Si entráis en un pueblo y no os acogen, salid a sus plazas y decid:
11‘Sacudimos sobre vosotros hasta el polvo de vuestro pueblo que se nos ha pegado a los pies. Sabed, de todas formas, que el Reino de Dios está cerca.’
12Os digo que aquel Día habrá menos rigor para Sodoma que para aquel pueblo.
13«¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertos de sayal y sentados sobre ceniza.
14Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras.
15Y tú, Cafarnaún, ¿pretendes encumbrarte hasta el cielo? ¡Pues hasta el Hades te hundirás!
16«Quien os escucha a vosotros, a mí me escucha; quien os rechaza a vosotros, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.»
17Regresaron los setenta y dos y dijeron alegres: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
18Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
19Mirad, os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones, así como cualquier demostración de fuerza del enemigo; nada os podrá hacer daño.
20Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos.»
21En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a gente sencilla. Sí, Padre, pues tal ha sido tu decisión.
22* Mi Padre me ha entregado todo, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»
23Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis!
24Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron * .»
25Se levantó un legista y le preguntó, para ponerle a prueba: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?»
26Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?»
27Respondió: « Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo .»
28Díjole entonces Jesús: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.»
29Pero él, queriendo justificarse * , preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»
30Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos que, después de despojarle y darle una paliza, se fueron, dejándolo medio muerto.
31Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote que, al verlo, dio un rodeo.
32De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio lo vio y dio un rodeo.
33Pero un samaritano * que iba de camino llegó junto a él y, al verlo, tuvo compasión.
34Se acercó, vendó sus heridas y echó en ellas aceite y vino; lo montó luego sobre su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él.
35Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al posadero, diciendo: ‘Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.’
36¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»
37Él respondió: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole entonces Jesús: «Vete y haz tú lo mismo.»
38Yendo todos de camino, entró en un pueblo, donde una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa.
39Tenía ésta una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra,
40mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Al fin, se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.»
41Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas;
42y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola * . María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.»